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 After a storm comes the calm (Tercera trama) ✔

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Lyanna Dwight
Beautiful Creatures


Mensajes : 117
Ocupación : ....

Pareja Real : Ethan Wate


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MensajeTema: After a storm comes the calm (Tercera trama) ✔   Sáb Dic 28, 2013 4:17 pm

Greenbier, Gatlin. 23:59 hrs.
Había perdido de vista a Sarafine, era una bruja bastante escurridiza. El fuego aun devoraba todo a mi alrededor, como secuela del enternecedor reencuentro entre mi madre y yo, dos Cataclyst. Una prueba más de que yo no era una chica normal, tal y como tío Macon había dicho hacía sólo unas horas. Esa discusión parecía ahora tan lejana... había sido un decimosexto cumpleaños más complicado de lo que habría pensado. En sólo un día había descubierto tantas cosas que habían hecho tambalear mis certezas, entre ellas, la traición de Larkin, derrumbando lo que hasta entonces había dado por cierto. Había conocido a mi madre, que de paso me había revelado que las cosas sólo eran peor de lo que había temido.


Levanté la mirada el cielo, donde la luna, mi decimosexta luna, parecía dispuesta a recordarme que sin importar nada, yo aún debía cristalizarme. Tenía que elegir entre ser una Caster de luz o volverme oscura... ¿pero cómo hacerlo cuando una elección significaría la muerte de mis seres queridos? ¿cómo elegir cuando ambas opciones significaban perder? Era peor de lo que había temido, de hecho, no se acercaba ni de lejos al peor de mis miedos. Hasta ese momento sólo había temido perderme a mí misma y perder a Ethan. No estaba preparada para perder también a mi familia, a mi verdadera familia. Pensé en Rid. No sólo tío Macon moriría si elegía ser una caster de luz, también la perdería a ella. Podría considerarse que la había perdido tiempo atrás, pero ahora, ante la posibilidad de realmente perderla, la oleada de temor incrementó... ¿qué se suponía que tenía que hacer? El viento soplaba furioso a mi alrededor y la tormenta amenazó con regresar. Un claro reflejo de mi estado de ánimo. Me sentía furiosa por estar en esa situación, totalmente acorralada. Con la opción de elegir, tal y como siempre había deseado pero, al mismo tiempo, incapaz de hacerlo. Lo peor que te puede pasar es que tus sueños se hagan realidad. Cuánta verdad había en esa aseveración. Antes habría elegido la luz sin pensármelo, pero ahora... ¿cómo había llegado a este punto? Por principio, me negaba a elegir la oscuridad, simple y sencillamente porque era lo que mi madre deseaba. Pero no podía, de verdad no podía, simplemente darle la espalda a esa elección. No si eso implicaba la muerte de tío Macon y Rid. Larkin... ni siquiera era capaz de decidir si deseaba la muerte de Larkin. Nos había engañado a todos, pero ¿cómo podía ser que la elección de la luz implicara elegir a cuáles de tus familiares querías muertos? Era igual de macabro que elegir la oscuridad. No pude contenerlo más. La tormenta volvió a estallar. Era mi manera de desahogarme. No me molesté en evitar que la lluvia me empapara. 
 
Me tambaleé sintiéndome débil por el esfuerzo hecho hasta ahora. Mantener a raya a Sarafine no había sido para nada sencillo. No podía más, había alcanzado mi punto de quiebre. El torrente de emociones y pensamientos amenazaba con derrumbarme en más de un sentido. Y entonces, en medio de la tempestad en mi interior y de la tormenta que se desencadenaba alrededor mío, alcancé a escuchar la voz de Ethan, mi única tabla de salvación en aquel naufragio. Estoy aquí arriba en lo alto de la cripta, pero creo que estoy herida. le respondí empleando el kelting. No tenía ni siquiera fuerzas para gritar, aunque estaba deseando hacerlo por toda la frustración que sentía. Aguanta L, ya voy. Me permití respirar al escuchar eso. Ethan estaba cerca. Era casi como una de esas sentimentaloides historias de amor en las que el héroe llega justo a tiempo para rescatar a la doncella en peligro. Sólo que en esta ocasión, no era un peligro tan ordinario. Después de todo, nada en nuestra vida resultaba cliché una vez que lo analizabas con calma. 
 
Me forcé a mi misma a continuar caminando, atenta a si Sarafine aparecía otra vez, o si Larkin y Hunting decidían atacarme, pero más que nada, buscando con la vista el rostro de Ethan, deseosa por verlo, desesperada por verlo. Porque en esta decimosexta luna, lo único que aún tenía sentido, mi única certeza, era él. Y porque él tenía el poder de calmarme, de envolverme en su calidez y rescatarme, sin importar que eso implicara más complicaciones de las que una pareja normal tendría que enfrentar. ¡Date prisa Ethan! ¡Te necesito! exclamé en mi interior, expresando en su sentido más fundamental la única de mis certezas: Lo quería y lo necesitaba. Finalmente pude verlo, trepando por la estatua de un ángel. Y detrás de la estatua, apareció Sarafine. Todo ocurrió demasiado rápido. Sarafine levantó una daga curva, decidida a matarlo. Justo cuando creí que ya nada podría asustarme o enfurecerme más, vi su mano descendiendo directo hacia Ethan, y entonces, una milésima de segundo después, una luz cegadora me impidió ver lo que sucedió.
 
Mixtale. Un callejón en el distrito. Hora desconocida.
Abrí los ojos temiendo lo peor. ¡ETHAN! exclamé buscándolo a mi alrededor con desesperación, él no podía haber muerto... observé confusa a mi alrededor. La tormenta había cesado, pero no presté mayor atención a ese detalle Fuera lo que fuera que hubiera ocurrido, ya no estaba en el cementerio en Greenbier. Ni siquiera estaba en Gatlin. Estaba parada en lo que hasta hacía unos minutos, era una metáfora simplemente, pero que ahora era una irónica realidad: un callejón sin salida, uno que nunca había visto de una ciudad que posiblemente no conocía. El dolor que sentía en el cuerpo era lo único que me convencía de que era la realidad. Me  acerqué hacia una de las paredes y la tanteé sólo para corroborar que no era una ilusión. ¿Qué hora sería? ¿Había cristalizado sin darme cuenta? ¿Era un truco de Sarafine? Mesé mis cabellos con desesperación... la prueba de que algo estaba mal estaba ahí. Continuaba empapada por la tormenta, pero era evidente que en el lugar donde estaba, no había caído ni una sola gota de lluvia. ¿Qué estaba pasando? Y entonces cometí el error de mirar al cielo, donde una burlona luna en cuarto menguante me saludó desde el cielo. Sentí el aire escapando de  mi cuerpo.... ¿Qué había pasado con mi decimosexta luna? 
 
Me recargué en la pared, sintiendo que mis piernas no podrían sostenerme por mucho tiempo más. Estaba comenzando a sentir el frío en mi cuerpo a causa de mi ropa húmeda que comenzaba a secarse. Mi rostro estaba lejos de seguir su ejemplo. Podía sentir las lágrimas resbalando por mis mejillas. Esto era más de lo que podía soportar. No estaban Ethan ni tio Macon ni tía Del, y, lo más inverosimil de todo, no estaba mi decimosexta luna. No sabía dónde estaba yo ni dónde estaban ellos.... tampoco sabía si mi madre había asesinado a Ethan o si yo había cristalizado finalmente. Hacía unos minutos no tenía idea sobre muchas cosas. Ahora no sabía nada. Sollocé mientras limpiaba mi nariz con la manga de la sudadera al recordar el rostro sorprendido de Ethan mientras terminaba de trepar por la estatua y se encontraba de frente con Sarafine. Había podido verlo con cruel claridad debido a uno de los relámpagos... mi llanto se detuvo al recordarlo.... un relámpago... había caído uno particularmente enorme en ese momento. Tan brillante que por ese motivo había cerrado los ojos, perdiendo de vista a Ethan y a mi madre. Pero había algo más, estaba casi segura de que el rayo había caído en mi dirección, y tal vez sólo fuera porque iluminó todo Greenbier, pero podría asegurar que había caído en otras direcciones... sequé las últimas de mis lágrimas... ¿un rayo era capaz de dañar a una cataclyst como yo? Lo dudaba... intenté recordar si había escuchado algo al respecto con anterioridad, pero fue en vano. Además, no había sentido nada... si no había sentido nada ¿eso significaba que el rayo me había matado? ¿había muerto a causa del rayo surgido en una tormenta causada por mí? Si no estuviera tan confundida tal vez habría sonreído histéricamente ante la nueva ironía de la noche. El problema era que no tenía tiempo para eso, debía comenzar a moverme. 
 
 
¿Ethan? llamé suavemente por medio del kelting, pero no hubo respuesta. Esperaba que no significara lo peor, que alguno de los dos realmente estuviera muerto. Observé desafiante al cielo... ¿si estaba muerta perdía mis poderes? Sentí mi cabello enroscándose y un relámpago me respondió que aún podría desencadenar una tormenta si así lo deseaba, aunque no me dejó muy en claro si eso significaba que estaba muerta o no. Eché a caminar para salir del callejón. No podía simplemente quedarme ahí parada. Necesitaba respuestas. Respuestas sobre Ethan y mi familia, sobre mi cristalización y sobre dónde demonios me encontraba. Las calles estaban vacías, pero iluminadas de manera aceptable. Me detuve frente al aparador a oscuras de una tienda de ropa. Sólo podía distinguir las siluetas de los maniquíes, la luz de los faroles no bastaba. Necesitaba ver mi reflejo... la primer respuesta de la noche. Tomé aire preparándome para lo que vería a continuación y luego hice aparecer una pequeña flama en mi mano, lo suficiente para iluminar mi reflejo. Un par de ojos verdes me devolvieron la mirada. Verdes y no ambarinos. Eso significaba que no había cristalizado, al menos no conscientemente. Y si lo había hecho, no había elegido la oscuridad. Tío Macon... Rid... musité consciente de que si se trataba de la segunda opción, ellos ya no estaban en este mundo. Aunque tal vez yo tampoco lo estaba. O tal vez sólo yo había muerto. Observé nuevamente mi reflejo... ¿cómo saber si había muerto? La chica en el reflejo se veía fatigada y desaliñada, pero no había nada que demostrara que estaba muerta... no a simple vista. Pero si yo había muerto... entonces no había cristalizado... y ninguno de mis familiares habría muerto. Era lo más parecido al alivio que sentía en la noche. Tal vez no fuera tan malo... de no ser por Ethan, habría declarado que había sido lo mejor para todos ¿Había muerto Ethan? ¿Había muerto yo? Apagué la llama cerrando el puño de mi mano. No era una respuesta que fuera a encontrar en mi reflejo, y comenzaba doloroso el ver la sudadera del Instituto Jackson que antes de ser mía, había sido de Ethan. 
 
Seguí caminando, sin tener muy claro que era lo que debía hacer o a quien recurrir. Era evidente que no había nadie en las calles, ni siquiera un bar a la vista. Podría haber tocado en alguna de las casas, pero posiblemente a nadie le haría gracia ver a una chica extraña con el cabello enmarañado, los jeans rotos y ligeramente chamuscados y una sudadera que parecía haber tenido tiempos mejores tocando a media noche preguntando acerca de Casters, lilums, la cristalización y su novio perdido, posiblemente asesinado por su madre. Había sabido toda mi vida lo que era que la gente se negara a tener contacto conmigo por ser diferente. Y eso que ni siquiera sabían cuan diferente era en realidad. Ethan era una rara excepción a la regla, y Link.... bueno, él no sabía que tan rara era yo en realidad, pero me aceptó de inmediato. Y también estaba Marian... ¡Marian! ¡Eso era! ¡Si pudiera encontrar una casa conectada a los túneles de la lunae libri en esta ciudad... Existía el riesgo de perderme, claro, pero al menos ahí abajo tendría más posibilidades de pedir informes. Habría más casters después de todo. Al menos podrían informarme de si estaba muerta o no... el problema era cómo se suponía que iba a encontrar esa puerta. Me desengañé de inmediato... parecía buena idea al principio, pero no podía garantizar si había una puerta caster... ¿y qué tan grande era esta ciudad? ¿era una ciudad? ¿cuánto tardaría en recorrerla concienzudamente? No disponía de tanto tiempo.
 
El pensamiento llegó acompañado por la tormenta que estalló a la par que mi ira, ira por no saber nada, ira por estar sola, ira porque con cada segundo que pasaba me sentía diferente… como si una extraña fuerza quisiera retenerme ahí contra mi voluntad:  ¿Y si en vez de recorrer toda la ciudad simplemente la destruía un poco? Posiblemente llamaría la atención de algún otro Caster, aunque mi subconsciente me dijo que esa no era la única razón por la que deseaba hacerlo. El viento llegó acompañando a la tormenta, y yo cerré los ojos disfrutando el sonido de los vidrios cimbrando y amenazando con romperse. Era una sensación liberadora... de poder... de perversa satisfacción por aún tener el control sobre algo, incluso cuando me habían arrebatado todo… ¿Era eso a lo que Rid y Larkin se referían con que ser oscuro era más divertido que ser luminoso? Porque se sentía maravilloso… saber que si yo lo deseaba, podía cargarme esa ciudad. Sólo con llamar a los elementos. Levanté la mano sin ser muy consciente de ello. Al instante, una llamarada comenzó a extenderse... ¿debía quemarlo todo? ¿o arrasarlo con agua? En algún punto, quien fuera que me hubiera traído aquí tendría que aparecer para evitar que destruyera el lugar… y tal vez entonces lo destruiría también a él. Le enseñaría que se había metido con la Caster equivocada. Sonreí con una sonrisa que no era la mía, lo supe al verla reflejada en una vitrina mientras avanzaba incendiando todo a mi paso. Era… era una sonrisa bastante parecida a la de mi madre. Me detuvé al darme cuenta de lo que estaba ocurriendo… estaba eligiendo la oscuridad, ese instinto por destruir y expulsar mi poder para herir a otros ¿qué otra cosa podía ser si no? Me detuve en seco… estaba haciendo justo lo que siempre había dicho que no haría. Era un monstruo, algo peor que eso… era una bruja. Me dejé caer en cuclilla, abrazando las rodillas contra mi pecho. Yo no quería esto, en realidad no quería ser oscura. Sólo quería volver a Gatlin, al primer lugar que había sentido como un hogar real. Volver con tío Macon, y tía Del, y la abuela, y Ryan, incluso con Reece. Quería ver a Link tocando la batería y diciendo bromas que de tan malas que eran, eran buenas. Y quería a Ethan. Quería comprobar que estaba vivo… que no había muerto realmente. Verlo una última vez antes de cristalizar… Estaba llorando otra vez, con lo cual, la tormenta se calmó y pasó a ser una lluvia ligera. El viento se detuvo. El fuego comenzó a extinguirse cuando dejó de recibir mis órdenes de devorarlo todo. Había tocado la oscuridad, pero ahora sólo volvía a ser una chica de dieciséis años confundida y asustada. Había ira todavía, pero ya no era la ira destructora de hacía unos minutos.  
 
Cerré los ojos y oculté el rostro entre los brazos. Ya no tenía fuerzas para nada. Sólo deseaba que al abrirlos me encontrara de nuevo en Gatlin. Sumida en mis pensamientos, me sobresalté al sentir una brisa proveniente de todos lados y de ninguno a la vez. No era una brisa convocada por mí… tampoco era una brisa natural. Supe que no era magia caster, era otro tipo de magia, una que yo desconocía. Comenzó como una leve caricia, pero me puse de pie en un salto, tambaleante porque mis piernas ya no tenían fuerza y se habían entumido. ¿cuánto tiempo había transcurrido? Ya no llovía y no había rastros de fuego… era como si la brisa se lo hubiera llevado todo… sentí un escalofrío cuando la brisa pasó de ser una simple caricia a una ráfaga envolvente, una que me dio la impresión de estar siendo manipulada por magia, magia no caster. Intenté conjurar viento caster para contrarrestarlo, pero no hubo nada. Mi cabello se agitaba por esa extraña ráfaga, no por mis poderes de cataclyst. Miré al cielo… ninguna nube se formó… ¿qué estaba pasando? Me sentí más indefensa que antes… dirigí mis manos al suelo intentando crear una grieta que jamás se abrió. No sabía por qué pero era una mortal ahora. Lo que siempre había querido: una vida normal. Que divertido… ahora era igual que cualquier otra chica de mi edad. Y eso no era grato. La sensación de vulnerabilidad creció cuando sentí como si alguien intentara entrar en mi cabeza. No pensaba permitirlo. La ráfaga aumentó de intensidad, como respuesta a mi reticencia.
 
Y entonces pude verlos: Ethan… tío Macon, tía Del, mi abuela, la pequeña Ryan… Reece…Rid, Larkin y mi madre, Link, Marian, incluso Boo. Es decir, los veía pero no eran ellos… era como si alguien estuviera proyectándolos fuera de mi mente. Estiré la mano cuando comencé a ver que se desvanecían uno por uno, y aterrada supe lo que ocurriría en seguida. Estaba olvidándolos. Sus nombres, aún presentes en mi mente, no me evocaban rostros. Ya no podía recordar cómo era tío Macon… el último en desaparecer fue Ethan. Posiblemente porque era el nombre que más atesoraba. ¡¡NO!! Grité pero fue en vano. Yo no podía moverme y él se desvaneció en el aire. Llorando llevé mi mano hacia mi cuello, donde aún tenía mi collar. Apreté con fuerza el anillo de Lila, deseando que el frío contacto del metal me impidiera olvidar el rostro de Ethan. Un segundo después, no sabía porque estaba sosteniendo el anillo con tanta fuerza, incluso lastimaba, pero mi mano se negaba a soltarlo. Comenzaba a sentirme desfallecida, como si estuviera cayendo en un pozo sin fondo.
 
Lo último que Lena pudo ver fue a una chica parada frente a ella. Tenía ojos verdes y cabello negro y rizado. Su ropa estaba en muy mal estado, pero ahí sobre su sudadera, aún se podía leer “Instituto Jackson”… La vio desvanecerse antes de sucumbir ante la oscuridad. Una oscuridad sin pensamientos.
 
Distrito de Mixtale. Casa Dwight. 6:30 am.
Hacía frío. Fue la primer sensación de la que fui consciente. La segunda fue el sonido de lluvia, una lluvia tenue y persistente a la vez. Abrí los ojos. La lluvia siempre despertaba en mí una extraña sensación, no era simple melancolía como ocurría con otras personas. Era algo más complicado que eso… era un sentimiento de empatía y añoranza, como si la lluvia fuera una vieja amiga capaz de comprender lo que sentía, y de llorar conmigo o de estallar a la par que yo lo hiciera. Ese día parecía ser que presentía mi estado de ánimo. Me levanté de la cama para acercarme a la ventana y observar de cerca la lluvia. El cielo estaba férreamente cerrado. No dejaría de llover en un buen rato. Todo estaba en absoluta calma, sin más silencio que el sonido repiqueteante de las gotas sobre el mundo. Apoyé la frente contra el frío cristal de mi ventana dejando que el sonido arrullador de la lluvia borrara las últimas impresiones dejadas por el sueño extraño que había tenido hasta despertar. Había sido similar a los otros, un chico, alguien importante para mí, cayendo en el vacío, escapando de entre mis manos sin que pudiera evitarlo. No entendía porque resultaban tan reales esos sueños, pero al despertar siempre me sentía igual, devastada, como si realmente hubiera perdido a una persona muy importante para mí. 


La sensación de vacío y desgarro persistían más esa mañana. Sería genial poder hablar de eso con alguien… sólo que no tenía con quien hacerlo. Mi hermana posiblemente se sentiría culpable. Aún insistía en que era culpa suya que yo hubiera crecido en solitario,y si le contaba lo de los sueños, posiblemente le buscaría alguna relación psicológica con mi sensación de soledad. La soledad que había elegido al meterme en problemas por defenderla. Ella aún insistía en que debería haberse defendido ella misma y así nadie habría difundido rumores sobre mi comportamiento. Sonreí débilmente. No me arrepentía de lo que había hecho en el pasado, incluso si el precio a pagar había sido esta soledad. Por otro lado, era como si desde siempre hubiera estado sola. Me había sentido así toda mi vida. Incluso estando con Alice o el tío Will. Incluso estando rodeada por un montón de gente. Como si hubiera algo que le faltara a mi existencia. No... no era así.


Me alejé de la ventana. No siempre me había sentido así. Caminé hacia el tocador. Ahí, en uno de los cajones, estaba una fotografía de Vlad y  yo cuando éramos niños. Cuando aún éramos amigos. Él había sido la única persona con la que me había sentido cómoda, cómo si no tuviera esa apabullante soledad pisádome los talones. Ambos sonreíamos en la foto. No teníamos más de ocho años. Habían sido tiempos felices.  Hasta que comenzamos a distanciarnos. Los sueños habían comenzado entonces, tal vez como una respuesta psicológica a la soledad que se había acentuado desde entonces. Guardé la foto nuevamente, igual que había hecho con todas las cosas que me recordaban a mi antiguo amigo. No tenía caso pensar mucho en él, nadia cambiaría con hacerlo. Sólo esperaba no verlo aquel día en la escuela. Eso sólo empeoraría mi estado de ánimo. 


Con desgano comencé a arreglar mi mochila. Ir a la escuela no era ni de lejos algo que me gustara hacer. No cuando todos se apartaban de mí al verme pasar, o cuando podía escuchar los rumores a mis espaldas. Pero así era mi vida, y no tenía sentido evitarla, sólo aceptarla. Abrí la puerta y salí en dirección a la cocina por algo de desayunar. No me sentía del todo optimista, pero intentaba decirme a mí misma que tal vez hoy fuera un día diferente. Tal vez hoy todo cambiara. Ayudaba a sobrellevar el día a día. Una mentira piadosa de parte de mí... para mí.
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MensajeTema: Re: After a storm comes the calm (Tercera trama) ✔   Dom Dic 29, 2013 12:08 am



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