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 De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔

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Lyanna Dwight
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MensajeTema: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Lun Mayo 20, 2013 3:05 pm

El sueño era el mismo de siempre, o al menos uno de los sueños de siempre. En ocasiones eran tan parecidos que habría sido difícil distinguirlos, sin embargo, se repetían con tanta frecuencia que ya sabía cómo terminarían incluso antes de tenerlos. En el fondo, todos eran lo mismo: yo lucharía por no soltar sus manos, pero sin importar cuánto esfuerzo pusiéramos en no hacerlo, irremediablemente ocurriría. Mis dedos resbalarían con una desesperante lentitud, y luego, sentiría la caída libre hacia el abismo antes de despertar de golpe a mitad de la noche, sin conseguir recordar el nombre que yo tenía en ese sueño, y más frustrante aún, sin lograr recordar su nombre. Sabía exactamente como terminarían todos y cada uno de esos sueños, pero eso no significaba que fuera inmune a ellos. Siempre envolventes y atenazadores se apoderaban de mí la angustia, la frustración y el dolor… y entonces, cuando finalmente nuestros dedos perdían contacto, venía el pánico… el pánico impotente de saber que había perdido a una persona sin rostro y sin nombre, que no obstante, en mi sueño era importante. Era alguien que yo necesitaba a mi lado. O más bien, alguien que yo quería a mi lado. Era algo más que sólo necesidad. Él era mi identidad, mi certeza acerca de lo que yo era y quién era realmente, sus manos eran mi tabla de salvación... sin él venía la incertidumbre, porque no sabía qué podría pasar o en qué podía convertirme, pero incluso antes de despertar podía sospechar que no sería nada bueno… sólo oscuridad.

Y era irritante, terriblemente irritante tener que soñar esa clase de cosas. No me gustaban las cosas a medias, y eso era justamente lo que mis sueños eran. Había ocasiones en las que despertaba con su nombre o el mío en la punta de la lengua, pero era como si al querer pronunciarlos, su naturaleza efímera provocara que los olvidara al segundo siguiente. Los otros sueños no ayudaban mucho. Los dedos que en la otra pesadilla intentaban sostenerme, recorrían ahora con suavidad mis cabellos. Había una química increíble con esa persona, casi eléctrica, pero en algún punto de mi subconsciente, yo sabía que no debería estar con él. Y la culpabilidad y el placer se entremezclaban antes de que yo despertara asustada al sentir como si él estuviera muriendo. O más bien, como si yo lo estuviese matando. Matar a besos era una expresión muy tomada a la ligera. En mis pesadillas yo podía hacerlo, y no de manera literal.
Esta noche había dormido sin sueños, o al menos sin sueños que pudiera recordar. Sin embargo desperté con su nombre, escurridizo, resonando en mi cabeza. Un nombre que no debí de haber olvidado, pero que volvió a escapárseme antes de poder concretarlo. Y desde luego, eso me hizo recordar todo el encantador maratón de sueños que venían sucediéndose desde hacía algunos meses. Nadie podría culparme por el repentino mal humor que me aquejo, aunque más bien se tratara de que nadie se atrevería a culparme, no tanto por estar acostumbrados a mi mal carácter como por el hecho de que me tenían miedo. Y era comprensible. Yo no era  la chica sin nombre de mis sueños que iba por ahí intentando no soltar las manos de un chico sin rostro. Tampoco era la chica que podía matar a ese chico si permanecían demasiado tiempo con contacto físico intenso. No, yo estaba muy lejos de ser ella, y lo reafirmé al anudar con firmeza las agujetas de mis viejas botas desgastadas, las botas que según habladurías estúpidas, teñía de negro para disimular la sangre de las víctimas que me había cargado a base de patadas. Me preguntaba cuánto tardarían en inventar un nuevo rumor sobre mí. Honestamente, cada uno era más falto de ingenio que el anterior… pero eso no importaba, bastaba con que se mantuvieran al margen y no fueran tan estúpidos como para molestarme en mi presencia. Si se quedaban calladitos, tal vez no utilizaría sus patéticas cabezas para mis divertidísimos rituales satánicos la próxima luna llena en el Cementerio. O al menos eso me gustaba hacerles creer. Casi era divertido ver sus rostros asustados al verme pasar… lo era durante unos minutos antes de que comenzaran a resultarme patéticos y comenzara a sentir repugnancia por ellos. Exceptuando a Will y Alice, yo despreciaba y detestaba, a todos y cada uno de los seres que me rodeaban, en la calle, en la escuela, a mis propios padres…

Decidí que no pensaría mucho en ello. Era sábado y pensaba disfrutarlo a mi modo. Alice y el tío Will seguían durmiendo aunque ya pasaban de las 8:00. Yo tenía que devolver un libro en la biblioteca pública, así que desayuné cualquier cosa y me dispuse a salir. Además de mi casa, la biblioteca pública era el único refugio contra la estupidez que conocía. Al menos las personas ociosas que inventaban los rumores sobre mí no iban a la biblioteca, y desde luego, ni muertas  irían a mi casa. Lo cual agradecía infinitamente. Aparte de mi hermana y mi tutor, yo sólo aceptaba la compañía de gente muerta, y no de la forma extraña y retorcida que los rumores sugerían, sino en forma de libros. Wilde, Tolstoi, Verne, Dumas, Stoker, Scott, etc., eran la única compañía que necesitaba para pasar una tarde amena. Casi me dolía separarme esa mañana de Cervantes, pero tenía que cumplir el plazo de entrega o, como Alice decía en broma, no dejarían que mis queridos amigos fueran a visitar mi casa para jugar nunca más. No podía permitirlo. Sin mis libros definitivamente los sueños raros terminarían por “secarme el coco”.
La biblioteca estaba, curiosamente, tan vacía como solía estarlo el resto de la semana. La bibliotecaria recibió de mis manos el antiquísimo ejemplar de la considerada primer novela moderna.  Suspiré como si me despidiera de un buen amigo y luego me interné en busca de otro. Nunca conversaba con nadie, ni siquiera con la bibliotecaria. Estaba ahí en busca de amigos de tinta, no humanos. Los de tinta eran más confiables. Nunca cambiaban y  no te condenaban por lo que hacías o dejabas de hacer. Y desde luego, no inventaban rumores estúpidos.

Era un sábado gris, o tal vez era sólo era gris para mí, entre mi humor esa mañana y el caos que aún imperaba en Mixtale a causa del terremoto, no podía menos que sentirme con humor como para leer a Poe o a Lovecraft. Pensándolo bien, tal vez los leyera a ambos. No necesitaba consultar el fichero para saber dónde buscar. Era como si alguien fuera a casa de un viejo amigo sin necesidad de consultar en el directorio. Giré  en una de las esquinas de los libreros y estuve a punto de chocar con alguien. “Y hablando de viejos amigos…” pensé al darme cuenta de quién era. Mi rostro no se alteró pero frente a mí tenía a la gota que derramaba el vaso en mi recién comenzado día: Vladimir Jordan… también conocido como mi ex mejor amigo de la infancia. O mi ex mejor amigo antes de los rumores. Actualmente no tenía recuerdos claros de aquella época en que se dio nuestro rompimiento. No podría precisar si había sido él o había sido yo quien había dejado que la amistad se volviera inexistente. Tal vez habíamos sido ambos. Era algo que ya no debería importarme en realidad, pero ahí estaba, más alto de lo que lo recordaba, o más bien era que hacía mucho tiempo que no estaba tan cerca de él. Desde luego, debí suponer que mi refugio contra la estupidez no era solamente mío.

La situación se tornaba más incómoda, pero yo no pensaba ceder fácilmente. Tal vez simplemente debí fingir que no lo había visto, o que me había equivocado de pasillo. Debí ignorarlo olímpicamente pero no fui capaz de hacerlo. En parte porque hacerlo sería cederle terreno en el pasillo que, casualidad o no, yo quería visitar justamente ese día y en ese momento. Con permiso espeté de manera impersonal, prescindiendo del tono agresivo que últimamente se apoderaba de mi voz cuando me dirigía a alguien que no fuera mi hermana o Will. Sin esperar respuesta, me lancé hacia delante dejándole en claro que si no me dejaba pasar ya me abriría yo camino. Mi querido Edgar Allan Poe, si no mal recordaba, estaba a un ex amigo y tres libros de distancia. Poe en rústica, encuadernado con pastas color burdeos, y unas magníficas ilustraciones que enmarcaban sus Narraciones Extraordinarias. Desde luego, el primero que leería sería El pozo y el Péndulo, era mi favorito después de todo.

Era tan fácil como simplemente pasar de largo de Vladimir, algo que no llegué a hacer porque de reojo había descubierto a Poe, mi Poe, entre el montón de libros que él, Vladimir, cargaba. Las coincidencias eran lo peor que podía existir en el mundo, y por lo tanto, era lo que más odiaba en el mundo. Hasta aquí pude simplemente renunciar a Poe, o al menos a ese ejemplar. Además, tenía a Lovecraft. Pero como he dicho, no me gustan las cosas a medias. ¿Pedirás prestado Narraciones Extraordinarias? inquirí con el mismo tono impersonal, aunque lo que realmente deseaba era quitarle el libro y decirle que Poe y yo teníamos una amistad muy sólida, pero considerando las circunstancias, no habría sido muy adecuado mencionarlo. Después de todo, si Vladimir comenzara a esparcir rumores sobre mí, a pesar de que ya no éramos amigos, presentía que algo definitivamente terminaría por romperse en mi interior. Una cosa curiosa, pero era casi la misma sensación que percibía durante mis sueños. Sólo que este chico que tenía enfrente sí tenía rostro, y un nombre que conocía de sobra, un nombre que no podía olvidar tan fácilmente, porque a pesar de todo, en algún momento de mi vida él había sido una de las tres personas más importantes para mí. Había. Cuán peligrosa puede llegar a resultar esa palabra.
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Vladimir Jordan
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Lun Mayo 20, 2013 8:08 pm

Mi hermana solía decirme que los sueños son algo que el subconsciente desea decirnos. Pedazos de cosas que se unen. A veces cosas que escuchamos, leemos, inventamos & vivimos; otras veces, cosas que deseamos ignorar, pese a que sabemos que no debe hacerse. Y otras un torbellino de lo aceptable y lo que vemos prohibido. Son deseos, son miedos. Es todo. Un sueño abarca mas de lo que las personas podemos y somos capaces de comprender. Retoma todo lo que somos y los plasma en una visión para que la vivamos o la suframos. La mente humana es sumamente poderosa. Lo dijeron miles de filósofos y escritores antes que yo. Lo dirán las próximas generaciones. Sin importar cuando se estudie la estructura y el físico del cerebro, la actividad mental es tan extensa como el universo mismo. Bastaba con mirar un poco la historia de la humanidad para fijarse cuán poderosa podía ser un idea o creencia. Nuestra actualidad era prueba de ello. Se dice que Edison temía a la oscuridad y por eso creó la bombilla. Sabe Zeus que cosas imaginaba o pensaba en la oscuridad que le hacían temer y pensar en una manera de alumbrarse todo el tiempo. Quién sabe lo que le decía su mente.

La mía, en cambio, no me decía mucho. La mayor parte del tiempo no recordaba mis sueños, exceptos esas pesadillas constantes que las repetía cuando estaba en estrés. Cuando no estaba tan cansado para no soñar, venían imágenes borrosas. Tormentas eléctricas, caídas fuertes y una chica. Mi hermana decía que estaba claro. Mi tormentosa juventud lejos de las diversiones normales terminarían por separarme de esa chica especial que iba conocer. Me dejaría, huyendo de alguien tan aburrido como yo. Pero ella no soñaba lo mismo que yo. Sino, sentiría que era mucho mas que eso. Sonaba muy enfermo, pero era casi real. A veces me levantaba de la cama sudado en exceso, como si hubiera corrido una gran colina antes de levantarme. Era extraño, porque en mi sueño yo corría y mucho.

Corría por salvar a alguien que no sabía quien era. Nunca lograba ver el rostro. Primero porque estaba de espalda cuando iba por ella, y cuando lograba alcanzarla....girarla hacía mi, un rayo nos separaba. Una tormenta terrible amenazaba con separarnos, y solo escuchaba mi voz decirle que no me soltara y que se sostuviera fuerte. Yo luchaba con desesperación por no dejarla ir. Me mataba cuando sus dedos se deslizaban entre mis manos y se perdía entre la luz. Me levantaba llorando muchas noches. Sin saber o entender razón. Sufría quedar solo. Era tan vivido que me dolía. No por mi, por ella, significaba mucho para mi en ese sueño. Nunca la veía, nunca me recordaba a alguien, ni tampoco podía nombrarla. Solo era el misterio de mi pesadilla. A veces tenía mas detalles de los sueños, pero siempre con el transcurro del día terminaba olvidando muchas partes, quedándome con las mismas. Hubo un tiempo en que despertaba para escribir los detalles, pero no podía. Otras veces dibujaba, pero solo hacía sombras. La luz del rayo me cegaba, y si lograba tener algo, cuando tocaba el lápiz para pasarlo, se deslizaba de mi mente como agua de una cascada. Siempre se perdía cualquier clave.

Estaba algo obsesionado con la idea. Pero no tenía otra cosa en que emplear mi tiempo libre. Si no era estudiando y trabajando quedaba solo. No tenía muchos amigos y en realidad no me esforzaba por conocer mas a fondo a mis conocidos. Una cosa era ser parte del equipo y mezclarme con ellos. Me interesaba mas ayudar a mi hermana, que con todos y sus burlas a mis sueños, adoraba mas que a nadie. Tenía que cuidar de ella y su hijo. Mi sobrino merecía grandes cosas y no le faltaría nada; como fue para nosotros.

Fuera de eso no tenía mas. Me levantaba para ejercitarme y mantenerme activo. Todo el trabajo que aplicaba a mi vida no se sostendría si no mantenía una condición aceptable. Todas las mañanas me levantaba temprano para correr por la urbanización. El distrito, o el pueblo del distrito no era enorme. Solo nuestras grandes partes eran recreativas y las zonas de cosechas. Lo demás era un lugar pequeño comparado con la gran ciudad, pero me gustaba correr por esas áreas. A esa hora de la mañana la gente aún dormía en sus casas o comenzaba a levantarse. Las tiendas comenzaba abrir, o realmente algunas de ellas. La gente que caminaba por las calles y se ejercitaba como yo, eran pocas. Ya los conocía a todos. El señor y la señora Robinson, la señorita -no tan señorita- Murtles, el señor O'Brian y Joel, otro del equipo que comenzó su rutina luego de descubrir que yo lo hacía. Era menor que yo, y creo que me idolatraba demasiado. Llegando a lo raro y ridículo. Ya me molestaba un poco su actitud. Llego un punto huida de él cuando lo veía acercarse.

De hecho, cuando me di cuenta de que venía tras de mi decidí tomar otra ruta. Por cosas del destino la biblioteca apareció para mi. Sonreí por dos cosas. La primera Joel no entraría a la biblioteca, era como un código contra los deportistas y segundo a mi si me gustaba la idea de ir. No recordaba la última vez que había entrado. Con todas las cosas en la cabeza, había pasado por alto que si había una cosa que podía hacer en mi tiempo libre y era leer. Era un amante a las lecturas de todo tipo. Pero iría por cosas conocidas, para refrescar el hábito.

No sé cuantos tomé en realidad. Cada escritor conocido lo tomaba sin prestar atención. Parte porque al entrar la bibliotecaria me había observado raro y otra para salir y llegar a casa a leer. Creo que no era normal ver a alguien de mi apariencia buscando tantos libros por el lugar. Me perdí un rato entre una colección de cómics que cayeron accidentalmente cuando quité uno de los libros de Edgar Allan Poe. Lo puse entre mi colección mientras observaba los cómic. Daba mi sueldo a que nadie la había visto antes porque estaba toda llena de polvo. Lo tomé todo y decidí que era suficiente para la ocasión.

Salí con mi lista de 5 libros y la colección de cómics, pero a medio camino tropecé con alguien. No la vi venir y me quede paralizado. Esa persona no solo era familiar, era muy conocida. Me quede congelado cuando reconocí a Lyanna Dwight frente a mi. Quise decir algo, pero las palabras se ahogaron en la garganta antes de ser pronunciadas. No supe que decir. Se me revolvió la conciencia al verla. Fuimos mejores amigos mucho tiempo. Pero por una razón no muy clara comenzamos a separarnos. Creo que por que ella evitaba salir, o yo ya no podía y entre eso no recuerdo cuando dejamos de hablarnos. Era raro encontrarla de frente. No habíamos quedado frente al otro desde hace mucho y me culpaba por ello. Yo pude haber hecho algo. Mas que nadie sabía que la gente hablaba de ella muchas estupideces que en realidad me resultaban graciosas, porque ella no era nada de lo que decían.

Abrí la boca para hablar. Decidido a decir algo inteligente, pero ella me ignoro. Me golpeo fuerte y hasta me hirió que fingiera como no conocerme. ¿Así se pasaba de largo toda una infancia juntos, siendo inseparables? Solté un respiro reaccionando. No me preguntaba nada de mi, ni le interesaba. Creí que iba a seguir su camino, pero mi libro la detuvo y sonreí de medio lado.

Lyanna...

Su nombre salió de mi boca como si fuera la primera vez que lo dijera. Di un paso hacía ella sin saber que hacer. No podía abrazarla porque iba a ser raro, pero tampoco sabía que decir. Apenas podía recordar a la niña de mis memorias. Ahora tenía una chica totalmente diferente. Ya entendía los comentarios de ella. Se mostraba diferente, misteriosa y eso me gusto. No estaba tratando de impresionar a nadie y eso la hacía....interesante. Reaccioné rápido. Sus ojos me habían hipnotizado y ni siquiera había podido responder a su pregunta. !Que estúpido era!

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Lyanna Dwight
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Mar Mayo 21, 2013 5:43 pm

Observé su ropa deportiva y el montón de cómics que sostenía junto a los libros. Se veía más cansado, un poco más parecido a un adulto que a un chico de su edad, pero seguía siendo el mismo niño que leía cómics y disfrutaba ejercitándose. Y para mi mala suerte, también continuaba yendo a la misma biblioteca. 365 días. O 313 si no contabas los domingos. Los días hábiles eran 313, con horarios de 8:00 a 20:00 horas. 12 horas al día: 3756 horas en un año… 225,360 minutos y 13, 521,600 segundos al año. Y por alguna retorcida coincidencia, esa simpática y eterna desafiante de las probabilidades, había terminado en la misma biblioteca, el mismo día, a la misma hora y en el mismo pasillo a mi ex mejor amigo, y ahora tenía que hacerle frente a su sonrisa. Una sonrisa que mal que bien, conservaba su calidez. Y lo odié por eso, porque aún podía seguir sonriendo como si no hubiera pasado nada, cómo si sólo hubiéramos dejado de vernos desde hacía unas cuantas horas y no unos cuantos años.

Replanteándolo, tal vez hubiera sido culpa mía que nuestra amistad se perdiera. Tal vez había sido yo la que había cambiado… pero incluso siendo consciente de eso, la situación no se resolvía mágicamente. No era tan simple como otorgarle a una irritante pero simple coincidencia el nombre de destino. Eso lo tenía muy claro, jamás había creído en algo tan banal como el destino y no pensaba comenzar a hacerlo ahora. Aun así, tuve una rara sensación cuando él pronunció mi nombre. Hacía demasiado tiempo que nadie ajeno a mi familia me llamaba Lyanna. Durante los últimos 5 o 6 años se habían referido a mí por mi apellido o por apodos poco ingeniosos que denotaban la superstición y la ignorancia de los idiotas que los utilizaban. Pero Vladimir, con quién no había cruzado palabra alguna en años, estaba ahí, sonriendo y llamándome por mi nombre, con una calidez no fingida de la que no me atrevía a burlarme como solía hacerlo porque la de él era auténtica. Tan auténtica que despertó mil recuerdos de nuestra malograda amistad. Sin embargo, el dio un paso hacia mí y la atmósfera se rompió irremediablemente.

Coloqué el libro de Lovecraft sobre mi pecho a manera de barrera y retrocedí un paso. Prefería mantener una distancia segura. Clavé mi mirada en la suya para advertirle que lo mejor para él era no acercarse más. Amigos de la infancia o no, no éramos amigos actualmente, y honestamente, yo no quería retomar ahora una amistad que ninguno se había molestado en retomar antes. Las cosas, en mi opinión, tienen su propio momento y espacio para ser dichas o hechas. Transcurrido ese tiempo, y fuera de ese espacio, pierden el significado que tenían originalmente, y en ocasiones, solamente reabren viejas cicatrices que era mejor no volver a tocar. Nuestra amistad era eso para mí ahora. Nuestro tiempo y nuestro espacio se había ido. Permanecería como recuerdos pero nada más.

No recordaba que fuera así de alto, aunque yo siempre había sido más baja que él. Algunas veces mis compañeras de clases hablaban de él, y aunque por principio ignoraba sus conversaciones frívolas, no podía evitar prestar atención cuando hablaban de Vlad. Básicamente eran comentarios que se clasificaban en dos categorías: los del tipo “Quiero un novio así” y los más honestos de “Quiero ir a la cama con él”. Básicamente ellas decían eso de todos los integrantes de la selección de Basketball, football americano, soccer o cualquier otro deporte, pero ahora que tenía a Vlad frente a mí, comprendí que al menos tenían razones de sobra para fijarse en él. Más allá de lo físico, había una peculiar mezcla de niño y hombre en él que resultaba peligrosamente atrayente. Especialmente si a eso le agregabas el hecho de que tenía la sonrisa más reconfortante del mundo. Cerré los ojos para reconcentrarme porque si mis pensamientos continuaban por ese rumbo terminaría por ablandarme. Era difícil ser grosera con él, al menos en el grado en el que lo era con otras personas. Sólo tenía que hacerme a la idea de que ya no era mi amigo, y por lo tanto, no debía tener consideraciones para con él. Pero el gran problema con el “había” era que siempre iba de la mano con un sinfín de “si tan solo hubiera”. Y ahora, con él frente a mí, comencé a preguntarme que hubiera pasado si continuáramos siendo amigos. Para comenzar no estaría a la defensiva, sintiéndome culpable en el fondo por no ser capaz de devolverle una sonrisa que no habría sido espontánea por mi parte. Que él no respondiera a mi pregunta me dejó confundida. Él no era de la clase de personas distraídas o groseras que no dan respuesta a lo que se les inquiere. Aunque honestamente yo era la clase de persona que a estas alturas ya habría sacado un par de comentarios sarcásticos apropiados a esta situación. Tal vez él se encontraba igual de confundido que yo, pensando en mil cosas y en ninguna realmente, todo al mismo tiempo. Y aunque pensar era de lo más elogiable, continuar en esta situación, frente a frente, sin pronunciar palabra alguna, comenzaría a resultar ridículo.

Me armé de paciencia intentando minimizar todo lo que fuera posible el sarcasmo que ya era para mí un segundo lenguaje.¿Y bien? ¿Lo sacarás o no? y entonces, me di cuenta. Quería tener Narraciones Extraordinarias, e inicialmente, quería justamente esa edición. De haberse tratado de un desconocido cualquiera,  me habría limitado a tomar otro ejemplar de Narraciones Extraordinarias. No entendía la lógica del por qué seguía ahí parada empecinada en obtener justamente el libro que Vlad tenía entre sus manos. Debía de alejarme mientras aun podía manejar la situación. Sin esperar respuesta, decidí ponerle fin a la casi conversación. Disfrútalo, ese ejemplar en particular es maravilloso. algo tenía que estar mal. Había empleado el mismo tono impersonal de antes, pero el comentario había sido lo más amistoso que había salido de mi boca en mucho tiempo. ¿Qué seguía? ¿Sonreír tontamente y decirle adiós con la mano mientras me alejaba mandando saludos para su hermana? No, definitivamente no haría eso. Decidí omitir la despedida y simplemente di media vuelta renunciando al libro. Se me habían quitado las ganas de leer a Poe. Comencé a rebuscar entre los otros títulos para distraerme. Toda la sección era de literatura de terror, libros clásicos desde luego, así que en algún punto me topé con Drácula de Bram Stoker. Drácula, el personaje basado en el histórico Vlad Tepes. Maldije interiormente mientras devolvía el libro. Incluso mis amigos de tinta conspiraban para fastidiarme hoy recordándome a otro Vladimir que estaba a tan sólo unos pocos pasos de distancia. Entonces, cómo una señal divina, descubrí un nuevo ejemplar que compilaba los cuentos de terror escritos por Washington Irving. Sentí esa maravillosa sensación de hormigueo expectante recorriendo mi estómago y mis dedos mientras tomaba el libro entre mis manos. Era uno de esos libros antiguos que tienen en sus hojas el aroma del paso del tiempo, y si bien me había quedado sin Narraciones Extraordinarias, este libro también contenía grabados que lo volvían invaluable. Algunas hojas estaban pegadas, cosa común con libros viejos que no han sido abiertos en mucho tiempo. Lo apoyé en el estante y cuidadosamente intenté separar las hojas. Lo había hecho cientos de veces, pero ya fuera porque seguía un tanto nerviosa por el encuentro con Vlad o por una fatal ironía, en lugar de conseguir que las hojas se separan terminé haciéndome una cortada en el dedo índice de mi mano derecha. Maldije en voz baja y me apresuré a llevar el dedo a mi boca para detener el sangrado. Genial, no sabía que era más divertido: Que Washington Irving decidiera traicionarme también o que si alguien conocido me veía bebiendo la sangre de mi dedo, terminaría con otro apodo más para la lista.
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Vladimir Jordan
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Miér Mayo 22, 2013 12:15 am

Cuando pensé que había reaccionado rápido, en realidad lo único que había logrado hacer era moverme incómodo en mi lugar. Ella dio un paso atrás y yo hice lo mismo como un acto reflejo. Mi acertamiento la había tomado por sorpresa y seguramente incomodado. Tenía que disculparme, pero las palabras continuaba sin encontrar una manera de salir. Entendía su reacción, era el peor mejor amigo del mundo. No me había esforzado por mantener nuestra amistad y ahora estábamos atrapados en un pasillo pequeño y sin nada mas que un momento muy bochornoso. Estaba en lo correcto en pensar que un abrazo iba a hacer un error. Mi paso en falso y su respuesta estaban demostrándolo. No era algo que se tomaba tan ligeramente. No podía simplemente fingir que el tiempo no había pasado. Ya ninguno era un niño.

Y sin importar que, tuve una punzada en el estomago que me advertía cuando dolía su gesto. No porque no me abrazara o se alegrara en ver, yo comprendía toda esa parte en la que ambos discutíamos mentalmente que hacer. Lo que en realidad me había dolido es que me tratara como alguien mas de la calle. Es como si buscara ser indiferente ante mi presencia y todos los recuerdos de nuestra amistad no fuera algo que le llenaran la cabeza justamente. Tenia la firme idea de que lo hacía a propósito. Una parte incomoda por a ocasión y otra parte como sistema de defensa. No había porque actuar de otra manera, por mas que lo deseara.

Paso quien sabe cuanto tiempo hasta que ella actuó por los dos. Decidió simplemente ignorarme y seguir el camino que había comenzado. Yo me hice a un lado permitiendo su paso porque continuaba sin encontrar una palabra correcta que decir. No podía abalanzarme a hacer preguntas de su vida o de como le iban las cosas. Tampoco sobre lo ocurrido en el terremoto por temor a una respuesta dolorosa. En realidad, y a fin de cuentas, no tenía nada bueno que decir. Ella no parecía dispuesta a montar una conversación mas allá del libro que llevaba en las manos y era un mensaje claro de su poco interés en mi. Baje la mirada avergonzado, esto era lo que me merecía por haberle fallado. Mas que nadie sabía perfectamente que Lyanna no era una chica como las otras. No era socialmente fácil y abierta como las otras del instituto. Todo lo contrario. Era una chica de pocos amigos y por ende de lazos fuertes. El nuestro estuvo roto demasiado tiempo para ignorarlo.

Las cosas no habían cambiado para ella. Seguía igual y aunque no le hablaba estaba consciente de ello. Algunas cosas me enteraba por chismes de las mismas chicas y otras veces por comentarios de los muchachos. Sabia perfectamente que algunos la encontraban atractiva por ser diferente y mantener ese aire de rebelde, pero en el fondo ninguno le hablaba justamente por ello. Le temían en cierta manera, porque ninguno veía a la misma niña de mis memorias. Sonriente y muy inofensiva. !Oh, que mal me estaba sintiendo! Era una sensación tan similar como la que tenía en mis sueños. Ese vacío en el estomago que me indicaba que algo iba mal y no podía hacer nada para evitarlo. Mi única verdadera amiga, ya no lo era. Ahora solo quedaba una desconocida para mi, que me había impactado y llegado de sorpresa.

Lyanna

Volví a llamarla reaccionando. No iba a quedarme allí de pie observando como pasaba entre los libros sin decir nada o hacer algo. Era tiempo de actuar diferente. Algo me había llevado a entrar a la biblioteca esta mañana, no por cualquier casualidad había dado con el edificio escapando de Joel...mi normalidad. Mucho menos podía ver como casualidad que ella fuera buscando el mismo libro que yo tenía entre mis manos. Estábamos conectados, como solíamos decir antes. Nuestra conexión especial que casi parecía que pudiéramos leernos la mente. En aquellos tiempo para los juegos, ahora tal vez para retomar lo perdido.

Me acerque a ella algo nervioso. No recordaba haberme puesto tan nervioso desde el nacimiento de mi sobrino. Aquel fue un día largo, agitado y de mucha presión. Jamás había estado en una sala de parto y ver como nace un niño era algo que me mantuvo con los pies hecho gelatina durante todo el proceso. Fue maravilloso y emocionante. Ahora todo era emocionante, pero no tan maravilloso. No por ella, si no porque las cosas no estaban bien entre nosotros. No al menos como yo podía recordarlo.

La vi cortarse con la hoja del libro y puse los míos en una esquina para ayudarla. No era algo realmente grave, pero tuve el impulso de asistirle. Tome su brazo para ayudar y lo deslice sin querer. Una corriente fuerte, un ardor que me llego hasta los pies, recorrió mi cuerpo con el tacto. Fue como si reconociera esa electricidad marcarme por completo. Demasiado familiar cuando nunca me había pasado antes. En palabras menos elaboradas, tuve un choque de emociones por dentro. El corazón me soltó emocionado y podía jurar que saldría de mi pecho con su retumbar fuerte. Algo en mi disfrutó del tacto mas allá de simplemente eso. La encontré- fue un pensamiento muy fuerte para ser solo mío. Exactamente de que se trataba no estaba seguro, pero tenía que ver con ella.

¿Estas bien? ¿Quieres que te traiga algo? Son libros muy viejos, sus paginas y contenidos son letales. De abren no solo la mente...

Hable de prisa. !Aleluya! Había recuperado el habla, pero solo para decir algo que era mejor reservar. Seguro me rechazaba o me mandaba al diablo. Pero de algo estaba seguro, debía arreglar las cosas con ella. No podía dejar que el tiempo siguiera corriendo y no a ver hecho algo. Ya había pasado demasiado tiempo para continuar con las cosas así, sin mas.
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Lyanna Dwight
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Miér Mayo 22, 2013 12:37 pm

El sonido de sus pasos apresurados me alertó de que había visto mi herida y ahora se dirigía hacia mí. Aquello me puso de los nervios… ¿por qué demonios estaba espiando mis movimientos? Había deseado realmente que él ya se hubiera largado, pero en el fondo sabía que no lo haría. Si yo era obstinada, él lo era todavía más. Seguramente se le había metido en la cabeza algo parecido al remordimiento, o peor aún, a la compasión. Yo no necesitaba ni del primero ni del segundo, y pensaba dejárselo en claro, así que me volvía hacia él para hacerle frente. Estaba tan concentrada en cómo cortaría por lo sano con él de una manera más o menos amable que ni se me pasó por la cabeza que pudiera haber contacto físico entre nosotros, un error de cálculo que provocó que mi mente se quedara en blanco por un momento.

Debería de haber apartado bruscamente su mano de mi brazo, pero en lugar de eso, sólo me encogí ante su tacto, tan familiar y a la vez nuevo y diferente. Su mano ya no era la del niño que solía ayudarme cada vez que yo resultaba herida mientras jugábamos. Sin embargo, presentía que su tacto me era familiar de algún otro lado. Tal vez las pesadillas nocturnas me tenían obsesionada de manera compulsiva, porque por un micro segundo habría podido jurar que si deslizaba mis dedos entre los suyos, encajarían en la perfección. Como lo hacían en cada maldita pesadilla antes de que comenzara a caer al vacío. Y había algo más, me pregunté si acaso él también lo había sentido… algo parecido a una descarga eléctrica había invadido mi cuerpo, desde la cabeza hasta los pies y viceversa. Desde luego no era algo que pensara preguntarle. Era tan cursi incluso pensándolo como para imaginar cómo sonaría expresado en voz alta.

Aun así, mi corazón seguía latiendo con fuerza cuando retiré con suavidad mi brazo del agarre de su mano y la puse a resguardo, lejos de él. Sin embargo su huella ya estaba ahí, cálida y firme, como su sonrisa, como su mirada y como todo en él. Y esa huella sólo me hacía sentir inquieta, cómo si mi propio brazo protestara por haberlo separado. Demasiado confundida por ello, su comentario me tomó con la guardia baja, y algo inconcebible sucedió. Una sonrisa, pequeña, pero sonrisa al fin y al cabo se me escapó ¿Contenidos letales? Suenas como un inquisidor del Siglo XV supe que había dado un tropiezo cuando vi su expresión. ¿Era alivio? Compuse un rostro indiferente y volví a levantar mis barreras. Él sólo estaba siendo amable, no había necesidad de permitir que me envolviera en su calidez, por mucho que estuviera deseando quedarme ahí con él y olvidarme de todo.

Estoy bien, Vlad, no necesitas preocuparte. concluí tajantemente mientras evitaba su mirada y cerraba el libro causante de esta conversación. Si existiera algo como la magia en el mundo, diría que los libros intentaban decirnos algo… primero Poe, luego Stoker y ahora Irving. Tres de mis autores predilectos conspirando para que tuviéramos una pseudo conversación que habría preferido no tener que sostener nunca. Había tardado demasiado tiempo en hacerme a la idea de que Vladimir tenía su vida y yo la mía, y ahora él aparecía de la nada amenazando con poner mi vida de cabeza. Y no iba a permitirle que lo hiciera. No después de tanto tiempo.

Si todo esto es porque te sientes culpable te libero de toda responsabilidad. No tengo rencor contra ti así que no me debes nada. agregué antes de fingir que buscaba otro libro, sólo para evitar tener que mirarlo a los ojos y que él pudiera ver en los míos que estaba mintiendo. Me sentía vulnerable y eso me enfurecía. Y con la cabeza hecha un lío, comencé a desconfiar repentinamente de todo ¿por qué justamente ahora decidía entablar una conversación conmigo? Habíamos tenido varias oportunidades antes y no había demostrado el mismo interés… no entendía por qué ahora tenía que ser diferente.

Me pregunté si acaso esto no se trataría de pagar alguna ridícula apuesta o reto, y comencé a buscar a mi alrededor gente sospechosa, pero luego caí en la cuenta de lo absurdo que era. Nadie podría preparar algo tan elaborado. Además, exceptuándonos, no había nadie más en ese pasillo. Sentí el peso de la incomodidad que implicaba estar a solas en un pasillo con un chico había provocado una toda una revolución en mi fuero interno con sólo tocar mi brazo con su mano, una mano que muy bien podría ser la misma que en mis sueños, se enterraba entre mi cabello y acariciaba mi rostro. Entonces caí en la cuenta. No había nadie observando. Quedaba claro ahora, no tendría que haberme sentido decepcionada. Él conversaba conmigo sólo porque no había nadie cerca. De habernos encontrado en otro sitio, con los chicos del equipo mirando, él no se habría molestado en dirigirme la palabra.

Metí con más fuerza de la necesaria un tomo de relatos de Maupassant en la estantería. Me sentía malhumorada de repente. Habría esperado que al menos él fuera diferente. Que ingenua había sido. Al final resultaba que él era igual que los demás. Te sugeriría que te fueras ya. Alguien podría verte conmigo susurré sarcásticamente, aunque en el fondo dolía pensar que nuestra amistad se había convertido en esto. Suspiré mientras tomaba mis libros, y sin voltear a verlo me dispuse a irme. Ten un buen día, tal vez puedas ir a divertirte con tus amigos ironicé al tiempo que me alejaba.
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Vladimir Jordan
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Lun Mayo 27, 2013 5:19 pm

Sonreí ligeramente, no perdía su extraordinario humor para hacer de todo lo que dijera algo que me pareciera que nadie mas lo diría. Tal vez era así. Ni de esta mitad de la isla, ni de la otra. Por supuesto era alguien diferente. No sol porque yo lo sabía, si no porque todos lo sabían. El trato que tenía de los demás era simplemente porque su actitud no iba con muchas personas del distrito. Era como un gran pueblo dedicado a sus trabajos que no hacía nada divertido solo en fechas ocasionales y hasta en esas habían que pensar dos veces si significaba diversión. La gente era muy corriente en el Distrito, y en la ciudad muy superficial. Mixtale no otorgaba nada que fuera realmente sobresaliente de mención. Era una isla que por todas las esquinas, lo divertido era peligroso y lo peligroso jamás se debía hacer. No esperaba el momento de graduarme y salir de lugar. Me llevaría a mi hermana lejos. Donde las cosas nos irían mejor que ahora.

Tomé su mano para ver como se había cortado. Nada realmente grave. No pensaba que hubiera muerto alguien por cortarse con un libro. Debía o ser muy tonto, o algo realmente inusual que no conocía. Buscaría información de ello. Era algo interesante a conocer, aunque no me fuera ser útil alguna vez. Solo me gustaba saber cosas, ciertas cosas. Ayudaba a encontrar conversaciones especiales, claro, si antes encontraba alguien con quien tenerlas. Sentarme en el patio de la escuela a charlar con cualquier no era parte de mi tiempo. Prefería desechar mi tiempo haciendo cosas que me gustaran o valieran la pena hacer para la casa. No todos ellos trabajan en el puerto luego de salir de las clases. Algunos eran trabajos, no deseaba decir mas fáciles, pero no tan complicados como el mio. Ninguno tenía una hermana con un hijo y sin padre, y vivía con sus abuelos incapacitados de ser trabajos con demasiado exceso físico. Yo era el sostén de mi familia, ellos posiblemente de si mismos. Así que por ende sus conversaciones giraban entorno a lo cómodo de sus vidas. Yo no cabía ahí.

Me dio fuerte lo que dijo Lyanna. Una parte de mi se había emocionado de que tal vez con ella sería diferente. No es que volviéramos a ser los amigos inseparables, pero al menos una amiga que me interesara. Alguien no común en todo el distrito, pero al parecer fue una idea solitaria. Justo cuando mi mente se alteraba con la noticia de encontrar a alguien para pasar el tiempo como antes de que mi vida fuera tan adulta, ella le disparo a cada de las ideas.

Me quede pasmado observando como su labios se movían diciéndome en finas palabras que me alejara de ella y la dejara en paz. ¿Acaso el Vladimir que ella conocía le importo alguna vez el pensar de las personas? ¿De que los vieran juntos? ¿Ella pensaba que había cambiado tanto como para avergonzarme de que nos vieran? No había usado la palabra correctamente culpabilidad, pero comenzaba a sentirme culpable, culpable de verdad. Le había fallado de alguna manera y era peor que cualquier cosa anterior. Sabía que no era la persona mas popular de la escuela. No como lo serían otras chicas, pero su estado a la defensiva era de alguien que no compartía con muchos. Sabe Dios si con alguien en realidad. Sino, no estaría así conmigo. Lo hubiera encontrado agradable en vez de algo que deseaba pasar.

Baje la mirada, como si hubiera sido recién regañado y al levantar la mirada ella volvía alejarse. Tuve el impulso de ir tras ella. Y luego de que era mejor así. No podía forzarla a estar a mi lado y soportarme, pero tuvo mas fuerza lo primero. Era algo que sentía como necesidad. No habían buenas respuestas a lo que estaba pensado, pero le seguí el paso.

No me preocupan que me vean contigo. En todo caso, creo que quieres este libro.

Se lo mostré sin dárselo y luego lo deje encima del resto. Los tome con una mano. Que valla que me pesó hacer eso. Y la sostuve del brazo.

Creí que nos prometimos una vez ser amigos sin importar que...

No sé porque decía aquello. En el fondo, me parecía que tenía un valor muy importante. No solo era la promesa de dos niños, era algo que se me perdía en alguna parte de la cabeza y no encontraba. Solo sabía que era importante y lo que tenía que decir.
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Lyanna Dwight
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Mar Mayo 28, 2013 12:08 pm

Podía escuchar sus pasos siguiéndome y eso no facilitaba en absoluto las cosas. Había sido fácil ignorarnos mutuamente, pero si él continuaba con su táctica de no ignorarme podía llegar a derribar mis barreras, aquellas que me habían mantenido a salvo del resto del mundo durante los últimos años. Era preocupante que con sólo un par de frases, estas ya comenzaran a tambalearse. Apreté con más fuerza los libros e hice lo propio con mi paso. Una parte de mí quería salir corriendo, aun cuando eso luciera como una escena de telenovela ridícula para adolescentes unineuronales.

La otra parte, y era la que comenzaba a asustarme, pugnaba porque mis pies se detuvieran para que él pudiera alcanzarme, como una extraña fuerza de gravedad que se negaba a permitir que me saliera de órbita. De su órbita. Tenía muchos asuntos inconclusos con Vlad, pero no quería afrontarlos, no ahora y no simplemente porque él lo hubiera decidido. Muchas veces nos habíamos encontrado en los pasillos sin que ninguno de los dos dijera nada. Miles de oportunidades en el pasado y él decidía utilizar justo esta... de no ser porque se trataba de él le habría acusado de egoísmo. Pero lo que realmente me asustaba era descubrir que aún tenía influencia en mí. ¿Qué tanta? No lo sabía y prefería no averiguarlo.

Me detuve bruscamente al verlo a mi lado. No importaba que tan rápido hubiera caminado, sus piernas continuaban siendo más largas que las mías. Me mordí el labio al notar lo cerca que estaba. Quería que se detuviera de inmediato, que dejara de intentar acercarse a mí, porque por un momento, mi corazón había latido al sentir su cercanía. Y no tenía nada que ver con mi caminata rápida. Esperaba no haberme ruborizado porque me iba a ser difícil seguir fingiendo delante de él. Entonces él decidió complicar las cosas aún más, me quitó mis libros y su mano sostuvo mi brazo por segunda vez, ¿en verdad él no podía notar esa descarga eléctrica al tocarme?

¿Y a cuento de qué venían esas palabras sobre una promesa que evidentemente no habíamos cumplido? Sentí la emoción del momento, la vibración en su voz al decirlo y su casi desesperación al tomar mi brazo. Claro que recordaba esa promesa, no era algo que olvidaría fácilmente cuando la había hecho de una manera tan sincera. Por un segundo quise poder abrazarlo, como cuando éramos niños y cualquiera de los dos necesitaba consuelo. Realmente deseé poder fingir que no habían pasado los años y que podíamos simplemente retomar nuestra amistad. Este era mi propio Veinte años después… él era del partido de Mazarino, yo era frondista, pero aun así podríamos retomar lo nuestro. Realmente quería decirle todo eso, pero al final sólo pude retroceder para liberarme de su agarre.

Las cosas no eran tan sencillas. ¿Y qué pasa si la persona que hizo esa promesa ya no existe? pregunté con tristeza. Sonaba trillado pero nunca antes había comprendido cuan significativa era esa frase hasta que la utilice. Ni él ni yo éramos los mismos. ¿Realmente sin importar qué? ¿sabes lo que implica realmente eso? en realidad él tenía que haber escuchado los rumores. Era imposible que no los conociera cuando todos se encargaban de difundirlos y agregarles más detalles. Tal vez lo mejor que puedas hacer sea continuar como has hecho los últimos años. Ignorar que fuimos amigos y seguir con tu vida… ¿no ha sido muy difícil o sí? y listo, lo había dicho. Nunca habría querido tener que reprochárselo pero sabía que algún día ocurriría. Él había provocado que fuera ese día.

Si quieres ser mi amigo ahora ya es demasiado tarde. Tendrías que pagar un precio que yo no estoy dispuesta a exigirte. declaré en voz baja intentando que mi voz sonara firme, aunque su expresión desolada me hacía sentir culpable. No, esto era lo correcto. Si él volvía a ser mi amigo, si abiertamente se mostraba como amigo mío, pronto comenzarían a excluirlo a él también. Habría miles de rumores absurdos sobre Vladimir Jordan. Este era el camino que yo había elegido, los rumores sobre mí no me importaban, tampoco me importaba no ser invitada a fiestas o no tener nunca trabajos de equipo, o ser la última en ser elegida durante las actividades deportivas. Me gustaba que mi vida fuera así. Tenía a las personas importantes a mi lado y las demás eran irrelevantes. No podía imponer a Vlad a que pasara por lo mismo.

Extendí mis manos para que me devolviera los libros, sabía que mis motivos eran correctos pero no podía quitarme de la mente que estaba cometiendo un error. Sólo esperaba que no fuera uno irreparable.
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Miér Mayo 29, 2013 2:23 am

Citación :
Un corto circuito, provocado porque viejos daños que ya ha nadie le interesan...y puff. Se fue la luz de la biblioteca. Era temprano y no estaba impidiendo la visibilidad, pero el equipo electrónico no funciona; aquel que tiene archivados los registros de alquiler de libros, ni el sistema de alarma, ni el aire acondicionado. La poca gente va a ver que ha sucedido.


Lean:
 
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Vladimir Jordan
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Sáb Jun 01, 2013 3:59 pm

¿Y qué pasa si la persona que hizo esa promesa ya no existe? Existe, y no solo porque la estaba viendo. Existe porque esa persona tomaba su palabra muy en serio. Y como tal no fallaba en sus juramentos, no olvidaba cuando eran rotos porque era traicionar su confianza. Eso me estaba demostrando, entonces, en el fondo, la misma Lyanna de todos mis recuerdos y años de infancia seguía ahí. Siendo la misma chica con la que me gustaba pasar el tiempo y hablar de cualquier ocurrencia. Mis abuelos solían decir que era amor infantil. De esos que si se cultivaba bien, duraban para siempre porque era puro. Yo no quise creerlo nunca. Era un niño y no podía verme con la chica con la que jugaba. Era esa época en que no te interesa y hasta te resulta asquerosa la idea de compartir saliva con alguien. Cierto que mucho ha cambiado, pero no todo.

Pensaba ahora en demasiadas cosas. Recuerdo verla y emocionarme porque venía de camino. Recuerdo esperar cada noche para al día siguiente volver a encontrarnos y jugar.
En cierta forma mis abuelos estaban en lo cierto, estaba enamorado de mi compañera de juegos. Porque si eso no era amor ¿Qué lo es? Lo que sentía de este encuentro tenía un significado importante por esas memorias que me traía. Claro que para ella no era igual. No era mas que aquel amigo que le había fallado y que era mejor mantener al margen. ¿Para que arriesgarse a otra falla? ¿para qué? Si me había visto con esos mismo que tal vez la molestaban. ¿De qué valía que yo dijera algo, si al final de cuentas tenía razón. En todo este tiempo no me costo mucho hacerla de lado.

Solo que no podía moverme de mi lugar. Necesitaba contarle sobre el otro lado de la moneda; mi versión de la historia. No he estado todo el resto de mi existencia pretendiendo que ella no existe. Lo he hecho con todos con la esperanza de ayudar a mi familia. Era la base de ellos y estaba dando todo lo que podía por ellos. Ella no sabía eso, sin embargo, no podía dejar de molestarme con ella. El que rechazara mis intentos me molestaba de una manera diferente a que el resto de la gente podía lograr.

Por algún impulso desconocido acerque mi rostro al suyo. Casi de una forma desafiante, eso estaba haciendo. Desafiándome por mis actos. Pero pese a que me estaba haciendo de una forma distinta, no lograba que me fuera. No quería, al menos en memoria de la emoción que una vez me provocaba verla todos los días. Mire directamente a sus ojos verdes. Brillaban como si algo dentro, muy dentro estuviera abierto listo para ser descubierto.

Deslice mi mano por su brazo liberando el agarre. Y ahí estuvo todo el tiempo una corriente de fuego y hielo que aceleraba mi corazón sin explicación. Podía ser idea mía, pero era otro motivo en mi lista para no irme de mi lugar.

No has preguntado si estoy dispuesto a pagarlo.

Y dicho eso, las luches flashearon y luego se extinguieron. Levante la vista a la bombilla. El lugar estaba envuelto en la claridad del sol. Pero era una visión mas lúgubre. El sistema falló por alguna razón y el efecto del aire acondicionado apagado pronto traería consecuencias. Sonreí ligeramente, y mire a todos lados antes de volver la mirada a Lyanna.

Paso un grupo reducido de personas. Tal vez tres que observe de reojo por sus sombras. Miraron al pasillo, donde estábamos, y siguieron su camino. Seguro a ver que había sucedido, pero no me intereso.

¿Y si estoy dispuesto? Para mi esa persona sigue aquí, y sigue siendo muy sincera con lo que desea. No me disculpo si no quieres, pero no veas las cosas como que simplemente de deje de hablar. Tuve que ser la base de mi familia. Mis abuelos ya no pueden hacer mucho, y tuve que hacerme cargo de llevar dinero o comida. Luego mi hermana quedo embarazada de no se quién y eso no lo hizo todo mas fácil. No hace nada mas fácil como crees.

Solté un respiro ya le dije mi parte de las cosas. No era bueno en la explicación, ni siquiera sonaba a excusa porque no lo era. Ella debía saber. Era todo.

Sé lo que significan esas promesas no solo para ti. Yo tengo algunas que cargo todos los días por el bien de los que quiero.

Me aparte dando un paso atrás. Pensé en irme, dejarle el libro para que al final lo disfrutara ella, como un acto de paz. Pero como antes, no pude moverme. Yo debía estar en el lugar que estaba y debía permanecer en él.

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Lyanna Dwight
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Vie Jun 07, 2013 5:17 pm

Esto comenzaba a complicarse, no sólo Vlad tuvo la brillante idea de acercar su rostro al mío, lo cual provocó que un incómodo rubor ascendiera a mis mejillas, no, también tuvo la gran idea de mirarme fijamente a los ojos, creando mayúscula confusión en mi interior. Había algo de familiar en esto, pero yo sabía que de niños nunca habíamos estado así de cerca. Éramos amigos, nos queríamos bastante, pero existía un explícito acuerdo no expresado de manera oral sobre los espacios personales a respetar. Después de todo, éramos niños que fingíamos vomitar cada vez que un adulto mencionaba que algún día nos enamoraríamos. Se me escapó una sonrisa triste al recordarlo… me pregunté qué habría pasado si las cosas se hubieran dado de otro modo. Sin embargo, la sensación de deja vu no desaparecía. Era como si en una vida pasada, o quizá en una de mis pesadillas, hubiera estado acostumbrada a este gesto, él haciéndome frente, arriesgándose a ser mandado por un tubo pero permaneciendo junto a mí porque yo le importaba. Porque le había importado en algún momento, y porque ahora volvía a hacerlo, lo dejó muy en claro con esa simple aseveración: “No me has preguntado si estoy dispuesto a pagarlo”. Bajé la mirada. No se trataba de que él estuviera dispuesto a aceptarlo, ahora tenía claro que lo aceptaría. El problema era que yo no estaba dispuesta a pedírselo… ¿cómo le pides a tu mejor amigo de la infancia que se convierta en un marginado? Mi egoísmo no llegaba a tanto.      

Levanté la mirada al notar que las luces parpadeaban y al escuchar el sonido del aire acondicionado apagándose. Tampoco era como si fueran precisamente necesarias a esa hora del día, esa era una manía de la bibliotecaria, evidentemente poco partidaria del ahorro de energía. Observé a mi alrededor y vi a algunas personas dirigirse a donde presumiblemente tenían el generador de energía. El clima aún no resultaba agobiante pero no tardaría en comenzar a cambiar. La luz no era mayor problema, aún podías ver lo que te rodeaba a la perfección, incluido el entre enfadado y triste rostro de Vlad. Lo observé con detenimiento preguntándome qué fortuita casualidad seguía empeñada en que arregláramos las cosas. Primero encontrarnos, luego él siguiéndome, y ahora la falla de energía que hacía imposible cualquier intento de escape por mi parte. Las puertas de la biblioteca eran eléctricas, y ya que todo había fallado, presumiblemente estábamos atrapados, para bien o para mal.      

Dejé de lado esos pensamientos cuando Vlad continuó hablando. Y lo recordé por enésima vez. Él era sencillamente una persona que yo no podía odiar por mucho que me lo propusiera. No sólo era un excelente hermano, también era un nieto ejemplar, y si sus padres aún vivieran, también sería un hijo modelo. Una gran persona en muchos sentidos. Él nunca hacía las cosas a medias, cuando se comprometía por alguien que le importaba realmente lo hacía, renunciando a todo lo demás si era necesario. Y hablando de mi egoísmo, el peso de la verdad cayó apabullante sobre mí. Siempre había considerado que Vlad simplemente me había hecho a un lado. Nunca me había parado a considerar sus circunstancias personales. Mordí mi labio inferior sintiéndome la peor.      

Mi estado anímico empeoró al recordar que todos en su familia siempre habían sido amables conmigo. Ahora también sentía como si me hubiera comportado de una manera imperdonable hacia ellos. Hacia toda la familia Jordan… ¿En qué clase de persona me convertía esto? Y luego pensé en su hermana. Algunas veces habíamos jugado los tres, resultaba curioso imaginarla como madre. Había escuchado rumores sobre ella en la escuela desde luego, pero los consideré tan creíbles como si me hubieran dicho que era el propio Vladimir el que estaba embarazado. Generalmente las que hacían esos comentarios eran chicas unineuronales que observaban las cinturas de otras. Si una engordaba un poco, en automático sus obtusas mentes conjeturaban que se trataba de un embarazo. Si a alguna le sentaba mal el almuerzo y terminaba en el baño devolviendo lo ingerido, la tildaban de bulímica o de embarazada. Nunca consideré que pudiera ser realidad y que precisamente por eso, Vlad ya no me buscara con tanta frecuencia. Tal vez había sido más cómodo para mí renunciar a él que tratar de entenderlo.        

El peso de la verdad provocó que me sintiera asfixiada en medio de los libros, igual que como debió sentirse la señora Boyne… devorada por los libros que la rodeaban en la biblioteca de una vieja casona inglesa creada por Edith Warton. Me removí de un pie a otro, incómoda y sin saber que más decir. O más bien, cómo disculparme. Suspiré cuando él se empecinó de manera tan elocuente en qué deberíamos intentarlo. ¿Cómo podía seguir negándome cuando yo también lo extrañaba tanto? No me había dado cuenta de qué tanto hasta ese momento. Y más ahora que veía con claridad lo que realmente había ocurrido entre nosotros. ¿Por qué no me lo dijiste? Lo siento, no sabía que había ocurrido todo eso… ¿Tus abuelos están bien? ¿Y tu hermana? ¿Nació bien tu sobrino? pregunté con verdadero interés. Te he tratado tan injustamente… todo este tiempo… perdóname. agregué en voz baja. Era la primera vez en años que me disculpaba con alguien, pero me sentí un poco mejor después de hacerlo. En cierto modo era como retroceder en el tiempo, a aquella vez en que nos habíamos peleado por un libro y habíamos terminado por romperlo. Sonreí divertida al notar que de nueva cuenta había un libro de por medio. Tal vez los libros intentaban decirnos algo.       Escúchame bien Vladimir Jordan, si se te ocurre dejarme a un lado otra vez, sin comunicarme de antemano los problemas que hay en tu vida, cargando tu solo con todos ellos, te aseguro que los rumores de que  fui a prisión por asesinato dejarán de ser rumores. declaré con firmeza antes de sonreírle, ya sin ambages y sin contenerme por más tiempo. Él tenía razón. Ambos habíamos hecho una promesa y ésta no estaba aún del todo rota.  Tomé la mitad de los libros que él cargaba, sin fijarme mucho en si eran los que había escogido yo o los que había escogido él. Nuestras manos tuvieron un roce ligero, y ahí seguía, persistente e intensa, esa corriente eléctrica que parecía saltar cada vez que teníamos contacto físico. Era algo en cierto modo adictivo, sentía curiosidad por descubrir de dónde provenía esa chispa. Él tenía que sentirla también, era algo demasiado intenso como para que fuera unilateral. ¿Sentiste eso? pregunté pero en seguida me di cuenta de que no había una forma de plantearlo sin que sonara a tintes románticos. Decidí cambiar de tema, se lo comentaría cuando supiera a ciencia cierta que ocurría y porqué ocurría cada vez que teníamos contacto físico.      

¿Deberíamos buscar una mesa y leer como antes? No es como si pudiéramos irnos hasta que reparen la electricidad. desde luego podríamos usar la salida de emergencia, pero por ahí no podríamos salir con los libros. Los registros para préstamos y devoluciones eran en electrónico. Fruncí el ceño. No había notado que el tiempo había pasado porque estaba más ocupada hablando con Vlad y pensando en otras cosas, pero ahora que caía en la cuenta… ¿No crees que ya tardaron mucho? no era como que me asustara estar en la biblioteca, pero en algún momento podía comenzar a faltarnos aire.
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Mar Jun 11, 2013 6:54 pm

Tuve la paciencia suficiente para esperar. Dicen que eso es de sabios. No creo que fuera un genio. Era un buen estudiante, pero no era el mejor. Era alguien que tenía paciencia, al menos en las ocasiones correctas así era. No era de ese tipo de personas tranquilas que sabían estar en calma todo el tiempo. Para mi, habían momentos para estarlo. Creo que elegí bien este momento. Pero la paciencia no viene de la mano con lo que se siente. Puedes ser paciente y estar enojado, ser paciente y estar triste. La gente suele confundir la paciencia con un estado de ánimo y así no es como funciona. Son cosas diferentes. Es una virtud.

Fue la paciencia lo que ayudó a que dejara que terminara de hablar. Si la hubiera interrumpido mis emociones por cada respuesta hubieran salido a flote antes de que terminara la oración. Tuve la idea de que teníamos mas de una conversación a flote. Justo como de cuando eres niño y hablas de diversas cosas a la vez y aunque no tiene sentido para otras personas, para ti y tus cómplices si. Era como volver a ser eso, cómplices de algo. Aunque no hubiera nada de lo que serlos. Sonreí negando con la cabeza. Todo parecía tan diferente ahora que ella estaba accediendo. Alguna especie de tensión fue liberada, pero quedaba la otra.

Aún me recorría la corriente, esa corriente, por su tacto. Era como un imán que me acercaba, y a la vez me impulsaba. No era normal, pero me gustaba. No iba a ser algo que soltaría de buenas a primeras en voz alta, pero la sensación que me provocaba estar así tan cercanos me agradaba. Me recordaba como estar vivo, y como mi corazón podía latir con la misma fuerza que un auto en plena carrera. Era una sensación agradable que no iba a soltar tan fácil. Y pensar que me lo estuviera dando ella lo hacía especial. Sabía que no era un mero hecho de que Lyanna era una chica guapa, porque es cierto lo es y no era el único que lo pensaba. Incluso los que la molestaban la encontraban bonita. Pero su belleza física no era lo que me conmovía por dentro. Eso era algo que me hacía disfrutar la vista, muy dentro de mi, sabía que esa corriente o la emoción que alentaba a mi cuerpo, pero como si siempre hubiera pertenecido a este lugar...a su lado. ¿Cómo iba a ser eso posible? Ya vería mas adelante.

No tienes porque disculparte. Yo no hice las cosas bien, pero supongo no encontré otra mejor manera de hacerlo. No importa ya ¿No? Tengo que cuidarme de una amenaza de muerte. No sé si sabías, pero tengo que darle cuentas a una señorita mandona.

Sonreí de la misma manera en que ella lo hizo. Era bueno saber que tenías una amiga con la que contar de nuevo. Una amiga tan especial que el tiempo no pudo ser peso suficiente para crear un espacio irrompible entre nosotros. No creí que iba a ser igual. Ninguno era un niño ya, y dudaba que en esa época sintiera algo tan...tan lo que sentía ahora que no sabía definir. Las cosas iban a ser diferentes, pero lo han sido desde hace mucho para mi. Lo importante es que aprendiéramos del otro como si comenzáramos de nuevo. Era casi como hacerlo, con la diferencia de que se estaba seguro que se podía confiar. Eso no pasaba con todo el mundo.

Mi sonrisa disminuyó cuando ella hablo del roce. De nuevo nuestra piel se encontró y no había forma para decir que mi corazón saltó de nuevo. Me hacía preguntarme sobre la posibilidad de un abrazo. Sería mas fuerte, no tenía duda de ello. ¿Y un beso? Se me cayeron los libros ante la idea. Fue muy tonto pensar en eso, en especial cuando recién lograba que dejara de estar a la defensiva. Plantearme esa clase de pensamientos no sabía como manejarlo. Los recogí enseguida y decidí no abundar en el tema. De todas formas ella había desviado la atención y era mejor así. Era muy raro que se me hubiera ocurrido la idea precisamente con Lyanna.

Estoy bien.

Pase por su lado sin mirar directamente a su boca. No quería delatarme con el pensamiento. En su lugar mire por encima de su nuca y busque a los demás. No venía nadie por el pasillo. Decidí que era mejor ir hacía la mesa que había comentado.

¿Tienes algo que hacer? Supongo que fue alguna falla.

Deje los libros sobre la mesa mirando directamente a sus ojos. La idea de mirar su boca me tentaba, pero no era correcto. Yo quería recuperar a mi amiga, no espantarla con insinuaciones de las que quizás no estaba interesada.
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Lyanna Dwight
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Sáb Jun 15, 2013 3:30 pm

Me sobresalté cuando a Vladimir se le cayeron los libros. Lo sabía, mencionar lo de la corriente eléctrica que sentía cada vez que lo tocaba no era buena idea. Él ahora lucía nervioso… ¿lo había hecho sentir incómodo? Mordí mi labio inferior sin saber que hacer a continuación. Hacía demasiado tiempo desde que mantenía una conversación con alguien… tal vez mi propia misantropía comenzaba a pasarme factura. Yo no era un ser social, eso lo sabía de sobra, después de todo, había sido yo quién había elegido no serlo. No lo necesitaba, no necesitaba de la compañía de otras personas que sólo buscarían juzgarme u obligarme a actuar de acuerdo a sus criterios, no necesitaba vivir regida por la doble moralidad que caracterizaba toda vida en sociedad y desde luego, no necesitaba interactuar con gente cuya mayor preocupación era cualquier banalidad, o que la única fuente impresa que leían eran revistas de chismes o la nota roja. Desde luego, Vlad no estaba en ese grupo de gente, pero ¿qué pasaría si no lograba comunicarme con él? ¿y si estaba tan acostumbrada a los sarcasmos que terminaba hiriéndolo inintencionadamente? ¿Y si en realidad sólo nos estábamos aferrando a una antigua amistad que no nos llevaría a ningún lado, salvo a hacernos daño mutuamente?

Pero claro, lo dicho, dicho está. Y cuando volví a observarlo, ahora que habíamos conseguido un pequeño avance en nuestra recién recobrada amistad, caí en la cuenta de que, ya sea por egoísmo o no, no deseaba alejarme de él. Al menos no ese día… ni el resto de mi vida, si fuera posible. Tal vez, sólo tal vez, si cuidaba de no hacerle daño, podríamos estar juntos. La palabra me hizo sentir extraña de repente. No me refería a esa clase de “juntos”, pero una definición cursi y diametralmente opuesta a la de una desinteresada amistad se había filtrado en mi mente. Tal vez se debiera a la falta de aire acondicionado. Porque no hay forma de que eso pase. Ambos habíamos crecido y ya no éramos niños, eso quedaba más que claro, pero de ahí a que comenzara a ver a Vlad, no como un chico, sino como un hombre, y de que él hiciera lo mismo conmigo… absurdo, simplemente absurdo. Casi sentí el impulso de reírme, de no haber sido porque imaginarlo resultó más placentero de lo que me habría gustado. Estaba observando sus manos, preguntándome si acaso nuestro contacto tendría algún significado especial… ¿lo sentían todas las personas?  ¿ese choque eléctrico era normal? Lo dudaba, pero dudarlo implicaba aceptar que había algo más importante ahí, implicaba concederle credibilidad a mis pesadillas, implicaba que él y yo realmente podíamos…

Vlad habló justo a tiempo para rescatarme de mis propias conclusiones. Levanté la vista para encontrarme con la suya, algo que, dos minutos después, ya no estaba muy segura de que fuera una buena idea. En realidad planeaba regresar a casa y pasar el día leyendo… confesé un poco distraída. Había algo en sus ojos que me evocaba algo, aunque bueno, eso no era raro considerando que nos conocíamos de toda la vida, pero estaba segura de que se trataba de algo más, su mirada definitivamente me llevaba a retomar el hilo de mis pensamientos sobre las pesadillas y el choque eléctrico. No logré dar con la relación entre todos los factores, pero sabía que de un modo u otro tenían algo que ver. ¿Y tú? ¿Tenías planes para hoy? había empleado el tiempo pasado al formular la pregunta y me percaté de lo poco esperanzador que sonaba. Casi como si nos hubiéramos quedado atrapados en la biblioteca para siempre. Sonreí y me apresuré a corregir. Perdón, quiero decir… ¿Qué piensas hacer hoy? mi voz, aunque no era precisamente elevada, resonó en la biblioteca. Fue entonces cuando caí en la cuenta de lo silencioso que había quedado todo. No había gente charlando como nosotros, o protestando por querer salir, tampoco gente discutiendo sobre la posible causa de la falla. O la gente que nunca ha faltado desde el inicio de los tiempos, esa que tiene la castrante costumbre de querer ofrecer soluciones a todo, incluso cuando no tienen idea. Como fuera, algo no me daba buena espina. Me incliné hacia delante para acercarme a Vlad, lo más cerca que pude, cosa que no resultó sencilla en cuanto me percaté de qué tan cerca estábamos realmente. Si sólo inclinábamos la cabeza un poco y alguien observaba a lo lejos, podía pensar que nos besábamos. Suspiré. No era momento de pensar en eso. ¿No crees que… hay algo raro? susurré intentando no sonar tan nerviosa como me sentía. Al menos ahora tenía más motivos para alegrarme por haberme topado con él, no estaba sola.

¿Deberíamos investigar? sugerí y en seguida sentí un escalofrío al darme cuenta de que estaba susurrando… ¿Por qué? El silencio sepulcral que nos rodeaba ponía de manifiesto que nadie podía oírnos, pero la precaución no me parecía del todo innecesaria. Un sonido fuerte de algo cayendo al suelo provocó que me pusiera en pie de un salto. La ausencia de voces persistía, pero si algo se había caído tuvo que ser por algo ¿o no? Sentí la adrenalina en mi interior, porque esto era bastante parecido a una película de terror, y una parte de mí, se emocionaba por eso. Pero la otra parte, aquella que aún conservaba rastros de inocencia, sentía miedo. Menudo lío de sentimientos encontrados tuvo que caerme justo en ese momento. Otro ruido, esta vez más cerca, fue suficiente para que rodeara la mesa en un suspiro y me colocara al lado de Vlad. Como en los viejos tiempos, o al menos casi, porque esta vez, al tomar su mano, sentí algo diferente, algo que definitivamente no estaba ahí, o al menos no así de intenso, cuando éramos niños. Suspiré al pensar en que tenía dos enigmas que resolver. Iba a ser un día muy diferente al que yo había planeado.

 
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Vladimir Jordan
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Mar Jun 25, 2013 4:14 pm

Con mis propios pensamientos surcando en la cabeza no supe como tomar la forma en que Lyanna cambió la pregunta. Podía simplemente deberse a un pensamiento fugaz que le zumbó por la cabeza, o podía tener que ver con el asunto de la corriente. No me atreví a preguntar. Supuse que no era algo a lo que debía prestarle atención, aunque no dejaba de hacerlo. Por algún motivo en particular, todo lo que decía justo ahora parecía contenido por algo. Y me refería a no con contenido, si no detenido, como si hubiera algo que ninguno decía. Era una sensación rara. Mas de lo que pasaba últimamente en mi vida. Se resumía al hecho de que deseaba decir algo, pero no podía recordar exactamente que era.

Decidí que era mejor no seguir dandole mas vueltas al asunto. Iba a terminar viéndome muy raro, forzando palabras en mi boca. No solo porque estaba seguro que ella lo notaría, si no por la idea que me daba que iba a poner muecas en mi rostro que no deseaba mostrar. Me faltaban palabras para poder pensar las cosas con claridad. Tenía varios pensamiento saltandome en la cabeza sin tener orden o coherencia entre ellos. Me hubiera gustado tener un momento para organizar todo, pero ya lo haría después.

Nada importante.

Me atreví a responder sin darle importancia. Y no la tenía, ciertamente. No al menos con algo que tuviera que ver conmigo personalmente. Por alguna razón agradecía estar atrapado en la biblioteca. No solo estaba ahora con ella intentando formar nuestra amistad de nuevo, si no que estaba disfrutando de tiempo totalmente libre para mi. No hacer nada como los adolescentes normales que ocupan sus vidas en diversión y fiestas. Yo no necesitaba eso, para mi ésta era mi fiesta y la diversión estaba ahora con ella. No había mas que pedir. Aunque claro, eso pensaba yo. Yo estaba perfectamente así, tal vez para ella no funcionaba igual. Tal vez ella moría por llegar a su casa a leer, mientras yo fantaseaba con la idea de que estar atrapados era fantástico. No lo pensaba porque me diera la impresión de que no le agradaba como decía, sino mas bien por su preocupación por el sistema de electricidad. A mi no me interesaba tanto, sobre todo con la oportunidad que estaba viendo frente a mi. Podía ser que necesitaba un momento como yo, para pensar, y la única manera en que lo veía posible sin ser grosera era si volvía la luz.

Estaba llevando mis pensamientos lejos, pero no podía evitarlo. Cualquier cosa me era factible. No tenía la capacidad de leer sus pensamientos aunque lo deseara. Esas cosas no pasaban. Ojalá existiera la magia, por un momento podría leer su mente y saber que pensaba. No solo con ella, quizás hasta para conocer el padre de mi sobrino. Mataría dos pájaros de un tiro.

Creo que es por allá por donde fueron.

Dije señalando el fondo. Le hice un gesto de las damas primero, pero escuche como si algo se cayera. Algo pesado que retumbo el suelo. Mi primer impulso fue sostenerla del brazo e ir yo por delante. Mientras mas me acercaba a la puerta del fondo, mas extraño me parecía no oír voces. Abrí la puerta y al parecer el sistema estaba en el almacén. Porque la puerta solo eran unas escaleras al sótano. No baje de inmediato porque al contrario del resto de la biblioteca, hay luz eléctrica y todo estaba iluminado. Podía sentir el aire acondicionado encendido. Aunque bastante frío.
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Lyanna Dwight
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Vie Oct 04, 2013 11:02 pm

Me sobresalté cuando un segundo sonido, esta vez más fuerte, retumbo en el suelo. Vlad se colocó frente a mí de manera protectora pero ni siquiera tuve tiempo de protestar. El cambio de temperatura y de iluminación cuando él abrió la puerta del fondo fueron bastante contrastantes. Al parecer la falla eléctrica sólo afectaba el área permitida a los visitantes, y sin embargo, había algo más macabro en ese espacio tan silencioso, frío e iluminado que en la biblioteca mal iluminada a espaldas nuestras. Se suponía que era un espacio permitido sólo al personal, y generalmente estaba cerrada. Que Vlad hubiera podido abrirla sólo significa que alguien más ya pasó por ahí antes. Lo verdaderamente preocupante era que en pese al sonido zumbante del generador eléctrico, no había nada que delatara la presencia de alguien vivo en su interior. Adentro, aparte del generador, sólo había cajas y cajas de libros almacenados. No había ventanas y la única puerta estaba frente a nosotros. No había forma alguna de que todos se hubieran, simplemente, evaporado. Las personas que habían pasado hacia unos minutos eran más de dos... ¿cómo podía estar aquello sin voces de personas discutiendo sobre el problema? Intercambié una mirada con Vlad, mi brazo aún sostenido por su mano, la corriente fluyendo aún entre nosotros, pero ahora sentía también un hueco en el estómago, un sentimiento de alerta, como si mi cuerpo quisiera avisarme que algo no estaba bien. Decidí que lo más prudente, aunque no pudiera explicarlo de una manera racional, sería no bajar.

La posibilidad de que se tratara de una broma por parte del personal la descarté en seguida. ¿Qué ganarían con una acción así de infantil? Cierro la puerta intentando no parecer tan desconfiada como realmente me siento. Tal vez estén por allá sugerí y retiré mi brazo de su agarre antes de entrelazar mi mano entre la suya. Fue un impulso, pero me sorprendió lo familiar del gesto y la facilidad con la que nuestras manos encajaban a la perfección, y como un gesto tan simple, e incluso la situación en la que nos encontrábamos, conseguían acelerar el latido de mi corazón por motivos ajenos a la adrenalina que comenzaba a liberar por lo raro de las circunstancias. Decidí que pensaría en ello más tarde, primero, necesitábamos encontrar a otros seres vivos.

Nos dirigimos hacia donde se había escuchado el segundo ruido, el más fuerte. En el suelo yacía un librero, aunque no tenía sentido alguno. Cada librero había sido fijado de una manera tal que jamás se cayeran. Podía decirse que aunque Mixtale no tuviera muchos méritos, al menos su biblioteca era uno de ellos. Por otro lado, nadie tendría fuerza suficiente para derribar alguno. Conocía de memoria los pasillos de la biblioteca, ese librero pertenecía a la sección de poesías, y si no mal recordaba, ahí se encontraban los autores con apellidos que comenzaban con la letra B. Como para confirmármelo, a mis pies descubrí Sifting Through the Madness for the Word, the Line, the Way de Charles Bukowski. Ni lo intentes... susurré sin saber bien a bien por qué justo esa línea había llegado a mi mente en ese momento, pero otra sensación de deja vú me golpeó... era como si ya la hubiera dicho antes estando con Vlad, pero eso era imposible. De niña no leía poesías, mucho menos a Bukowski. Eso había sido después, cuando nuestra amistad ya se había enfriado. Comencé a marearme. Eran demasiadas circustancias coincidentales repentinas como para tomarlas con calma. Para ocultar mi turbación, solté la mano de Vlad y me acuclillé para tomar el libro entre mis manos. Lo levanté sin darme cuenta de que había algo debajo, ignorando todavía que las cosas se pondrían aún más extrañas. 
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Vladimir Jordan
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Dom Oct 06, 2013 2:18 pm

No iba a mentir. Tenía el corazón latiendo tan fuerte que temía sufrir un paro. Y me refería de forma literal, porque me dolía el pecho y no quería que mi corazón se fatigará por el trabajo. Me costaba pensar que la presión del pecho era solo por lo raro de la situación. Estaba perfectamente claro, que pese a todo lo que ocurría a nuestro alrededor, no podía desechar la cuestión de que Lyanna cambió mi agarre por uno mas intimo. Incluso, aún sabiendo que no debía quitar la mirada frente a nosotros -para evitar cualquier sorpresa- no pude evitar desviarme unos segundos para ver nuestras manos unidas. Jugaban perfectamente entre ellas, unidas con un calor que alimentaba mi ser. Me costó quitar la mirada y actuar normal al gesto. No debía estar pensando en ese tipo de detalles ahora. Mucho menos ahora que nunca.

Nos quedamos delante de la puerta como decidiendo si bajar o no, hasta que el segundo ruido fue identificado por Lyanna detrás de nosotros. Volvimos sobre nuestros pasos, dejando atrás la puerta. Pasamos entre los estándares y en la sección de poesía encontramos uno tirado en el suelo. Fruncí el entre cejo buscando a alguien a nuestro alrededor. De pronto pensé que podía ser alguien fastidiando, y no era gracioso por ninguna de las partes que intentara verlo. Pero no había nadie. Solo un silencio sepulcral que nos acompañaba a todas partes.

Fue entonces que sentí el aire correr por mi mano y supe que Lyanna me había soltado. Cerré la mano enseguida que su ausencia se hizo presente y me acerque a ella. Tomó un libro y se entretuvo con él. Trate de mirarle el titulo, pero algo en el suelo brilló. Debajo de algunos libros vi una cadera pequeña, y fui por el objeto. Lo alce en el aire y lo reconocí de alguna parte. Estaba seguro de haberlo visto en alguna parte, pero no sabía decir exactamente donde. Lo observe con atención. Era un relicario negro, viejo y ovalado. Parecía ser de muchos años, aunque bien conservado.

Por un lado tenía el rostro de una mujer. Se veía con tanta claridad que podía jurar que era real y que saldría del objeto para hablarme. Le di la vuelta para estudiar el objeto y observe en la contraparte había una inscripción fina que decía "ECW & GKD".

Lyan..

Le llame para mostrarle mi descubrimiento. Fue entonces cuando mi el libro en sus manos y la sensación de haber vivido esto antes me golpeo. Deja vú en su mejor expresión. Solía reírme de esas situaciones, pero ahora no encontraba ningún chiste en todo el asunto. Me parecía mas que una coincidencia que estuviéramos pasando por lo que sucedía a nuestro alrededor. Y no era de pensar en eso siempre. Pero las cosas estaban pasando por algo.
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Lyanna Dwight
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Sáb Dic 07, 2013 4:30 pm

La voz de Vlad me hizo voltear, aun cuando no había terminado de decir mi nombre. En sus manos colgaba un extraño objeto... o que a primera vista, debió ser extraño, porque aunque era la primera vez que lo veía (podría jurarlo), algo me hizo intuir que posiblemente, no fuera la primera vez. Lo tomé de entre sus manos, estudiándolo con cuidado. El rostro de una hermosa mujer me devolvió la mirada desde los ojos sin vida de su retrato, escalofriantemente real a pesar de todo. Era una foto vieja, pero provocó que mi confusión se incrementara, porque por una milésima de segundo, tuve la sensación de que era alguien importante para mí, y un sentido de pertenencia, el presentimiento de que había un lazo entre nosotras, un aire familiar, por muy absurdo que sonara, me llevó a olvidarme de lo que me rodeaba por un momento, es decir, de todo menos de Vlad. Podía sentir su mirada taladrándome, inquisitiva y confundida, la misma que seguramente yo tenía en ese momento. Deslicé la yema de mis dedos sobre las iniciales grabadas en el reverso... también tenían su importancia, no solamente para la propietaria del camafeo, sino para nosotros. Sí, pensé en plural, porque sin necesidad de decirlo en voz alta, pude saber que para Vlad también resultaba conocido. 
Solté el camafeo, dejándolo confiado al cuidado de Vlad. Era como si las respuestas danzaran a nuestro alrededor en un vertiginoso y confuso remolino que se negaba a ser atrapado. Como si al alcance de nuestra mano estuviera la respuesta a esas sensaciones que venía experimentado desde el primer momento en que lo toque, a las sensaciones de dejavu y tal vez, sólo tal vez, la respuesta a los extraños sueños que invadían mis noches, y que ahora estaba dispuesta a jurar, estaban relacionados con Vlad. Mi mente era un torbellino de pensamientos que no podía detener, sin terminar de pensar en una duda, surgían al menos otras cinco, convirtiéndose en una irritante cadena de incógnitas en las que todas tenían una misma respuesta. Y la respuesta era Vlad, pero no sabía bien cómo o por qué. Suspiré un tanto exasperada, ambos nos habíamos quedado en silencio, pero no era en modo alguno incómodo. Ambos reflexionábamos sin ignorarnos del todo. Sería imposible hacerlo... aunque no lo dijéramos, era obvio que cada uno pensaba en el otro, mirándonos fijamente a los ojos, intentando encontrarle una pizca de sentido a lo que nos rodeaba. Ni siquiera recordaba ya que buscábamos a otras personas. No me interesaban en absoluto. No cuando tenía dudas más apremiantes por resolver. 
Y entre todas ellas, una flotaba por encima de las demás, básicamente la que resumía todo: "¿Qué es exactamente lo que está pasando?" Estaba segura de que mi rostro no había mudado de expresión, después de todo, mantener un rostro imperturbable se había convertido en una segunda naturaleza para mí. Y desde luego, no lo expresé en voz alta, pero aún así, tuve la sensación de que Vlad me había escuchado, y que a mí vez, yo lo había esuchado a él. La comunicación, si es que la había habido, duró muy poco, y aunque me descubrí a mí misma intentando que pasara de nuevo, no ocurrió. Genial... además de las dudas, ahora tenía alucinaciones... era del todo imposible que pudiera comunicarme mentalmente con él. Pensé en preguntarle, pero posiblemente habría quedado como una idiota. No porque él me fuera a considerar así, sino porque me habría sentido como una. Y por otro lado, ¿a qué preocuparlo más? Bastante debía tener en la mente en ese momento. 
Opté por pasarlo por alto, seguramente se debía a que habían ocurrido demasiadas cosas en la última media hora. Había sido mi imaginación y nada más. No había porque ahondar más en el tema... lo del relicario era otro asunto, pero definitivamente, pensaría en eso cuando tuviera la mente más despejada. En ese momento sólo había una prioridad: teníamos que salir de ahí, simple cuestión de salud mental. Si continuaba ahí terminaría creyendo que algo sobrenatural nos rodeaba. Paranoia era lo último que necesitaba en mi día, en especial uno que había resultado ser mejor de lo que esperaba, ya que había resuelto, al menos en parte, las cosas con Vlad. Rompí el silencio que nos rodeaba mientras me aercaba a él. Aún había dudas, pero eso no quitaba el hecho de que él se hubiera convertido en una especie de centro gravitacional, uno que sin importar la verdad que pudiéramos descubrir, continuaría atrayéndome. Deberíamos ir a la puerta y esperar a que pase alguien para pedirle ayuda... el dónde estén los demás lo averiguaremos después sugerí. Era lo que debíamos haber hecho desde un prinipio, pero era como si algo nos hubiera empujado justo a ese lado de la biblioteca, en un rincón apartado, muy lejos de las puertas transparentes que daban acceso y salida al local. +
Estiré mi mano como acto reflejo para volver a entrelazarla con la suya, pero reaccioné a tiempo y la dejé caer. No debía ser tan obvia, ni tampoco quería parecer una niñita asustada, aunque moría por volver a sentir esa extraña corriente. Esperaba que él no lo hubiera notado, porque justo en ese momento, la cereza en el pastel de hechos insólitos se materializó frente a nuestros ojos. Palidecí. Amaba las historias de fantasmas, pero nunca había creído en ellos... tampoco podía asegurar que lo que avanzaba hacia nosotros fuera uno, pero si había que ponerle un nombre a eso, sería sin duda fantasma. Mis manos saltaron trémulas a estrechar el brazo de Vlad. La corriente no se hizo esperar, pero aún así, no logré convencerme de que era una alucinación. Ni siquiera me atrevía a mirar hacia Vlad, por temor a que me preguntara por qué actuaba así, o peor aún, por temor a descubrir que él también la estaba viendo. Era una mujer, podía distinguirlo ahora que estaba más cerca. Vestía de manera antiquísima, y sus cabellos flotaban a su alrededor dándole un aire melancólico. Pero lo peor de todo, peor que verla y peor que saber que ella nos veía y caminaba hacia nosotros, fue descubrir que su rostro era el mismo que el del retrato en el relicario. Ella abrió la boca, como si quisiera decir algo, y por un momento imágenes de películas de terror se presentaron una tras otra en mi imaginación. Esperé a que resonara un aullido espeluznante, un grito, muchos gritos... pero aunque su boca se movió, no salió sonido alguno. Estaba cada vez más cerca, posiblemente quería el relicario. Quise decirle a Vlad que se lo devolviera, pero descubrí que me había quedado tan muda como el ente frente a nosotros. Y entonces, justo cuando estaba tan cerca que podría tocarla si estiraba mi brazo, las luces se encendieron, y ella se desvaneció, a escasos centímetros de nosotros. Parpadeé intentando acostumbrarme a la luz fría que iluminaba el librero tirado frente a nosotros. No hubo tiempo para analizar mucho lo que acababa de ocurrir, ya que el carraspeo irritado de uno de los encargados a espaldas nuestras nos hizo voltear de inmediato. No se veía nada contento, seguro que nos echaría la bronca pensando que lo del librero era culpa nuestra. Lo miré con irritación, lo que menos quería era que me adjudicaran un delito que yo no había cometido. Tardaron demasiado espeté lanzándole una mirada de advertencia antes de tomar a Vlad del brazo y echar a andar hacia la salida, disimulando mi nerviosismo con una furia que no era ni siquiera la mitad de la que debería haber sentido. Pero la confusión no dejaba mucho espacio para uno de esos arranques de ira que me habían granjeado el temor de los que me rodeaban. Más que nada necesitaba aire fresco, alejarme de ese entorno que había llegado a sugestionarme (o al menos eso opté por pensar que había ocurrido) y desde luego, soledad. 
Me detuve cuando estuvimos fuera de la biblioteca. No quería dejar a Vlad, pero necesitaba espacio y tiempo para calmarme. La cosa era que no sabía como despedirme, más aún cuando le había dicho que no tenía planes para ese día más que leer. Hasta entones noté que habíamos salido sin los libros. Eso sólo haría aún más raro el que me fuera. Afortunadamente, el celular en mi bolsillo comenzó a vibrar anunciándome que Alice estaba llamando. Solté a Vlad, sintiendo el vacío de inmediato, pero necesitaba ambas manos para maniobrar on mi celular. Al parecer era la séptima vez que mi hermana marcaba, sin contar que tenía tres llamadas perdidas de Will. No había podido darme cuenta antes por todo lo ocurrido, pero ella estaba decididamente histérica y preocupada, ya que siempre le respondía a la primera. Suspiré armándome de paciencia... si tan sólo supiera lo que había pasado. La tranquilicé diciéndole que iba saliendo de la biblioteca rumbo a la casa. Seguro me echaría un sermón, muy en su papel de hermana menor ofendida, pero prefería mil veces eso a tener que quedarme con Vlad, al menos en ese momento. En el estado mental en el que me encontraba, terminaría diciendo o haciendo algo de lo que después me arrepentiría. Y él no lo merecía. Colgué y volví a guardar el celular en mi bolsillo, evitando mirarlo, sintiéndome torpe al no saber bien como despedirme. Yo... tengo que ir a casa.... comencé a decir, aunque no era necesario hacerlo, con los gritos de mi hermanita se había enterado de toda la conversación. Te veo en la escuela... agregué atropelladamente, esta vez arriesgándome a ver su rostro, sólo un minuto, antes de lanzarme a la persecusión de un taxi. Vale, no había sido la mejor despedida, y desde luego, no después de lo ocurrido, y no pude dejar de pensarlo mientras le decía al taxista mi dirección. La verdad es que simplemnte había salido huyendo, temerosa de que Vlad se ofreciera a acompañarme, porque habríamos tenido que hablar de lo ocurrido, y no quería hablar de algo que aún no comprendía. Por otro lado, no sabía como despedirme.. de niños simplemente agitábamos las manos y nos separábamos, sabiendo que al día siguiente volveríamos a vernos. Pero eso no bastaría ahora... tal vez habría sido más adecuado un apretón de manos. O un beso en la mejilla... el chofer parloteaba alegremente, pero mi mente estaba lejos de ahí. Nuevamente, con mil ideas llegando a mi mente al mismo tiempo. Para mi frustración,, todas y cada una de ellas, se relacionaban con Vladimir Jordan.
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MensajeTema: Re: De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔   Jue Dic 26, 2013 12:43 pm

Deslice la mirada entre Lyanna y el objeto que nos mantenía en contacto. Estudié su expresión de la forma mas veloz que me fue posible, y aún así sentía que no había nada que buscar. Todas las respuestas que posiblemente buscaba en ella, estaban igual de complicadas que las que podía hallar en mi. Solo veía mas dudas, miles de ellas. Ya ni siquiera era capaz de saber a cual de los dos se le ocurrían mas teorías. Por su expresión tal vez íbamos por el mismo camino. En parte fue frustrante, esperaba que ella pudiera ser mucho mas centralizada y me dijera aquello que yo estaba pasando por algo. Ese algo que no veía por tener la cabeza echa un tornado de pensamientos fluyentes. Sin embargo, Lyanna no solo tenía la misma expresión que suponía yo tenía, sino que encima no buscaba mi mirada como yo la suya. Eso me obligo a ponerme orden. Buscar entonces por mi mismo algo que pudiera ser útil. Y no sabía exactamente que o como lograrlo.

Clave la vista en el objeto prestando mucha atención. Dibuje el rostro de aquella mujer con excesiva atención. Familiar. Fue el pensamiento que brillo entre todo lo que saltaba en mi cabeza. Era, de una manera extraña y maravillosa alguien que me resultaba familiar. Nunca había una fotografía de esa mujer, ni su nombre ni nada podía decir de ella, pero no era la primera vez que descubría esa rareza de sus ojos. Por un momento trate de recordar todas las fotografías de mi casa, pero no logré mas que darme cuenta que no lograría nada así. Debía buscar mas allá de lo que podía recordar, porque entre memorias y dudas, no iba a lograr nada excepto volverme loco. Y no lo veía como lo mas conveniente, considerando que en todo esto estaba Lyanna conmigo. De alguna manera, estaba seguro, ella lo seguiría estando de ahora en adelante.

"¿Qué es exactamente lo que está pasando?"

Levante la mirada en acto reflejo. Directamente hacía la chica a mi lado. Sus labios no se habían movido mas allá de lo necesario para permitir el paso de un poco de aire. Ella no me había hablado realmente, pero lo había hecho. Lo había escuchado o de eso estaba seguro. No había sido idea mía ¿o sí? Ella había estado dentro de mi cabeza....su voz. Sonaba a locura, mejor que nadie podía saberlo, pero así había sido. Pude "escuchar". No. Debí haberlo imaginarlo...una alucinación. Ya el día había estado muy raro para ponerse peor. Era suficiente por el día. No iba a desarrollar ningún tipo de poder ahora. Creo que la cabeza me estaba fallando. Si, eso. Cuando llegara a casa iba a tener que descansar largo rato. No haría nada el resto del día para poder pensar con claridad. Lo necesitaba, ya estar aquí encerrado estaba comenzando a afectarme.

Y como si Lyanna pudiera saberlo, sugirió que saliéramos. Apenas me limite a mover la cabeza. Como un niño pequeño que solo iba a seguir ordenes sin decir media palabra. Hasta iba a tomar su mano para guiarnos fuera, pero noté como la alejaba de mi y me sentí avergonzado. Quizás no debía tomar ese tipo de confianza en una situación como esta. Ella no iba a necesitar así de mi. Era una chica fuerte, quizás después podría seguir buscando de esa sensación de bienestar que su tacto me ofrecía.

Pero no creí que ese después fuera tan rápido y urgente para mi. Me basto sostener su camisa por la espalda para que se detuviera. Ella lo había visto igual que yo. Frente a nosotros y acercándose de manera sigilosa. Era la mujer del retrato. Sentí que todo se congelo a mi alrededor y solo quedamos nosotros tres por ese breve instante en el que ella se acercaba a nosotros. ¿Que había dicho que había sido demasiada locura por un día? Al parecer faltaba un poco mas y bastante día por delante. Se me fue el aire contemplando lo que sucedía. Estuve a punto de estirar la mano para tocarla. Saber que no era una ilusión o si lo era, saber la razón. Casi estaba por levantar la mano para tocar al fantasma....porque eso debía ser. ¿Que otra explicación iba a darme? Nadie podía tener tantas ganas de gastarnos una broma. Estaba implicando demasiado tiempo y esfuerzo. Era y debía ser un fantasma o simplemente que ya estaba completamente loco.

Entonces la luz se encendió y fue como el tiempo volviera a correr con normalidad. No tuve ni tiempo de reaccionar adecuadamente, cuando ya me encontraba fuera de la biblioteca con una Lyanna atendiendo el teléfono. Volví la vista a la biblioteca pensando en como organizar mis pensamientos. Darle forma a lo sucedido. Hacer algo que no fuera quedarme allí parado delirando. Necesitaba explicarme, poner los pensamientos en su lugar, pero la voz de la hermana de Lyanna me distrajo. La quería en casa y apartarla de mi cuando había mucho que poner en orden. Quise decirle que esperara, pero vi en su rostro la urgencia de irse. No pude detenerla, y tuve que conformarme con la posibilidad de verla en la escuela.

No pude decir ni adiós. Me quede con la mano alzada sin saber si iba a despedirme o gritarle que volviera. Corrí a la otra dirección sin saber porque. Necesitaba pensar. Seguro ella también. La vería en la escuela y debía estar al menos cuerdo para poder hablar de lo sucedido.
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De ironías y fatídicas coincidencias (Vladimir) ✔

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